La evidencia científica es robusta: la pobreza y la desigualdad social perjudican seriamente la salud. Un macro estudio sobre 1.7 millones de personas, que publica la revista médica “The Lancet”, vuelve a la carga con este problema descuidado: la pobreza acorta la vida casi tanto como el sedentarismo  y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo del alcohol. El estudio supone una crítica a la Organización Mundial  de la Salud por no incluir este aspecto. La nota es de Javier Salas en “El País” y nos la envió don Miguel López Azuara.