IN MEMORIAM DE ALBERT CAMUS A 60 AÑOS DE SU MUERTE. (I)

El mito de Sísifo.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

El siglo XX fue complicado, problemático, convulsivo, sangriento, cruel, inhumano, pero al mismo tiempo este siglo nos legó a una enorme gama de extraordinarios filósofos, poetas, artistas de diversas disciplinas, movimientos literarios, vanguardias, realmente fue un siglo prolífico en las artes y particularmente muy activo en las discusiones y controversias filosóficas, dentro de toda esta amplia diversidad artística nos encontramos con un hombre que vivió sólo 46 años, pero a pesar de sus pocos años de vida, nos dejó una obra amplísima, vibrante, apasionante, atrapante, me refiero al gran pensador francés de origen argelino, Albert Camus, quien murió un 4 de enero de 1960 y hoy su obra además de ser genial y erudita, es absolutamente vigente, porque los temas abordados en ella no son de un siglo, una época o determinadas circunstancias, el pensamiento de Camus representa la esencia de lo humano, y mientras el hombre exista, Camus será un autor leído, aclamado, y muy valorado, por lo tanto, conozcamos su obra y pensamiento.

Una de las corrientes filosóficas de las que Camus fue pionero es la filosofía del absurdo, de hecho, de toda su obra tres son consideradas las obras que representan este pensamiento, en el teatro nos encontramos con “Calígula”, en la novela con “El Extranjero”, y en el ensayo con “El mito de Sísifo”. El título de este ensayo explica de manera clara la temática central que abordará Camus en la obra, Sísifo es un personaje que conocemos a través de la mitología griega, la cual nos enseña que Sísifo fue castigado y condenado por los dioses, consistiendo el castigo en cargar una pesada piedra para llevarla a lo más alto de la montaña y una vez casi colocada en la cúspide, la piedra cae y Sísifo tiene que volver a emprender el absurdo trabajo una y otra vez.

Albert Camus asimila lo absurdo del castigo de Sísifo, con lo absurdo de vivir la vida, por ello el ensayo inicia con el siguiente planteamiento: “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía.”

A primera vista podría parecer un pensamiento pesimista, no obstante, si somos seriamente reflexivos llegaremos como primera conclusión que es un pensamiento realista, porque desde el momento en que somos concebidos inicia la cuenta regresiva, es decir, el camino hacia la muerte inevitable, nacemos con esta realidad que representa ser un absurdo insoslayable, Camus señala que en los primeros años el hombre no comprende la absurdidad de su vida:

Antes de encontrarse con lo absurdo el hombre cotidiano vive con metas, con un afán de futuro o de justificación (no importa con respecto a quién o a qué). Evalúa sus probabilidades, cuenta con el porvenir, con su retiro o con el trabajo de sus hijos. Cree aún que se puede dirigir algo en su vida. En verdad, obra como si fuese libre, aunque todos los hechos se encarguen de contradecir esa libertad. Después que se encuentra con lo absurdo todo se derrumba. La muerte está ahí como única realidad. Después de ella la suerte está echada. Ya no soy libre de perpetuarme, sino que soy esclavo, y sobre todo esclavo sin esperanza. Despertar, tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, comida, tranvía, cuatro horas de trabajo, cena, sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado al mismo ritmo, es una ruta fácil de seguir la mayoría del tiempo. Pero un día surge el “porqué” y todo “comienza” con lasitud teñida de asombro. Comienza eso es lo importante. Inaugura al mismo tiempo el movimiento de la consciencia. Al final del despertar llega, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento.”

Con este comienzo de la consciencia que nos condujo al conocimiento de lo absurdo, empieza Camus a realizar un recorrido sobre posicionamientos filosóficos a favor o en contra del suicidio, en esta parte efectúa un estudio riguroso, erudito, detallado. El escritor francés discutirá con Heidegger, Jaspers, Chestov, Nietzsche, Kierkegaard, en algunos casos nos encontramos con la clásica respuesta al absurdo de la vida afirmando la existencia de la trascendencia, de la creación de un Dios todopoderoso, con la respetada (pero irracional) esperanza de otra vida, de un más allá, pero Camus sobre estas posturas brillantemente afirma: “¿De quién y de qué puedo decir, en efecto: “¡Lo conozco!”? Puedo sentir mi corazón y juzgar que existe. En eso se detiene toda mi ciencia, el resto es construcción. Pues si trato de aferrar ese yo que tengo tan seguro, si trato de definirlo y resumirlo, no es sino un agua que corre entre mis dedos.”

No olvidemos que lo que está de por medio en este ensayo, es la respuesta si la vida vale la pena ser vivida o en su caso optar por el suicidio que acabe con la absurdidad de nuestra existencia, por todo lo argumentado podríamos pensar que Camus se dirige en el ensayo en contra del sentido de la vida, pero lo maravilloso es que no, el autor francés primero nos enseña que no debemos evadir el absurdo (esto implica no esperar nada trascendente), tenemos que estar consciente de él, vivirlo, pero una vez aceptado lo absurdo, debemos rebelarnos, el hombre absurdo debe ser rebelde, libre e indiferente ante lo que suceda después de la vida, que seguramente es la nada.

Ahora bien, Camus apuesta por la vida sólo si se vive en rebeldía y libertad, no entregarse a ninguna ilusión futurista, sólo hay que exprimir esta vida, vivirla más y más, por ello citando a Nietzsche, Albert Camus nos regala su hermoso posicionamiento de porque vale la pena vivir la vida: “Parece claramente que lo principal en el cielo y en la tierra es obedecer mucho tiempo y en una misma dirección: a la larga, de ello resulta algo por lo que vale la pena vivir sobre esta tierra como por ejemplo la virtud, el arte, la música, la danza, la razón, el espíritu, algo que transfigura, algo refinado, loco o divino.”

Cada quien puede tener diferentes razones para vivir esta efímera vida, siempre y cuando no dejemos de ser hombres absurdos, tener claro que somos finitos y que el día a día es un camino al vacío, empero, mientras el abismo no llegue, vivamos como personajes absurdos, Camus enseña que Don Juan es uno de ellos, porque como gran héroe no busca esclavizar ni esclavizarse, sólo busca amar, dar y poseer, y cada conquista es un renacimiento, porque no olvidemos que cada día corremos hacia la nada, y en lo que ella llega, Don Juan le roba un orgasmo a su realidad, la única que posee por un tiempo, por un breve espacio, y, así, cuando la nada llegue, por lo menos ya vivió algo esencial, sustancial, algo inmaterial pero real llamado amor.

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