CENTENARIO DEL NATALICIO DE LUIS G. BASURTO. (I)

Miércoles de ceniza.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

El nombre de Luis G. Basurto representa la grandeza del teatro mexicano del siglo XX. Las piezas dramatúrgicas de Basurto si bien narran y describen circunstancias regionales, locales, mantienen vigencia e interés porque en el fondo los temas abordados por el dramaturgo reflejan una problemática del hombre universal, ya sea mediante la crítica política, social, religiosa, los mensajes centrales de Basurto calan hondo en el espectador o lector de sus obras, hoy que estamos conmemorando el centenario de su natalicio, dedicaremos el presente mes de marzo a conocer parte de su amplísima obra teatral e iniciamos con la pieza: “Miércoles de ceniza.”

Luis G. Basurto fue un hombre de fe católica e incluso la profesaba públicamente, no obstante, en algunos casos ser un hombre de fe no es sinónimo de cerrazón, dogmatismo o fanatismo, porque Basurto cuando tuvo que criticar las prácticas de corrupción y muchos males que aquejan a la iglesia católica, lo hizo de manera puntual y enérgica, un ejemplo muy conocido se encuentra en la obra: “El candidato de Dios”, pieza que va a narrar la llegada al papado de Juan Pablo I y su intento de reformar y limpiar a la iglesia de sus males, pero al final todo indica que este Papa fue asesinado.

En “Miércoles de ceniza” la figura de la institución católica vuelve a entrar a escena representada por un sacerdote llamado Federico, y si bien el personaje representa ser un hombre de bien el cual lleva un verdadero sacerdocio al servicio de Dios y busca permanentemente la salvación del hombre, Basurto arremete contra las prácticas de acoso sexual que se dan al interior de la institución, realmente es una pieza atrayente y me permitiré introducirlos a la trama sin platicarles el final para que puedan conocerlo de manera directa.

Victoria es una bella e imponente mujer que vive en el centro histórico de la ciudad de México, en su grande y elegante casa vive José Antonio, (su pareja), Rosa, (su trabajadora de mayor confianza). Victoria se convirtió en una mujer rica y poderosa porque se dedica al lenocinio, desde un inicio el lector percibe que las reglas de convivencia son claras. José Antonio es un hombre culto, amante de la poesía, pero como nunca le ha gustado trabajar ha preferido ser un hombre indigno y depender en todo de Victoria, esto implica que Victoria entra, sale, y hace lo que quiere sin que José Antonio tenga la mínima posibilidad de un reclamo o mucho menos reciba alguna explicación por las actitudes de su pareja.

En un viaje que realizó Victoria a Durango su tierra natal, conoció a Federico, platicó con él, ella le compartió la dirección de su casa en la ciudad de México, Federico le dijo que era Doctor, a los pocos días Federico se presentó en la casa de Victoria, ella había dado la indicación de que le dijeran que no estaba, su actitud de no recibir a Federico estribaba en que sabía que le había gustado, le impresionó su seguridad, su cultura, su presencia le proporcionaba paz, tranquilidad, en general era un hombre seductor.

Al final Victoria no tuvo opción y recibió a Federico, de una manera contundente le dijo que ya no la buscara, que, si bien tenían muchas cosas en común, existía una que impedía tuvieran cualquier tipo de trato como lo es su ferviente fe católica, hasta este momento Victoria sabía que Federico era Doctor, pero al mismo tiempo un hombre de mucha fe. Para espantarlo y alejarlo de su vida Victoria se abrió con él y le platicó la historia de su vida. Le dijo que se dedicaba a vender carne humana para el sexo, que toda su vida ha sido una mujer liberal, que la prostitución la ha ejercido por años y que no se arrepiente porque ha sido la manera de obtener dinero y poder, incluyendo el tener en su casa a un hombre mantenido que no le sirve para nada, pero que se da el lujo de disfrutarlo y verlo como un objeto más.

Cuando Victoria terminó de hablar, Federico entra en acción con las siguientes palabras: “Federico. –(Hablando lentamente, después de una pausa, mientras ella, de espaldas a él, espera sin moverse) Traje para usted, este libro de poesías de López Velarde. (Deja el libro sobre una cómoda y se dirige a la puerta del vestíbulo. Allí agrega) Yo…yo creo que volveré… cuando oye el ruido de la puerta cerrarse, Victoria se vuelve bruscamente. Victoria. –Federi…! (Y crispa sus manos, con un gesto de profunda impotencia). Luego, lentamente, va a la cómoda, toma el libro, lo abre al acaso en una de sus páginas, y lee con voz opaca: Victoria. –“Su corazón de niebla y teología…abrochado a mi rojo corazón…trasladada, en una música estelar…el Sacramento… de la Eucaristía…” Cierra el libro y sus ojos se fijan, con miedo en la puerta.”

La obra se compone de tres actos, sucederán otros hechos claves que obligarán a Federico a confesarle a Victoria que no es Doctor, que su verdadera profesión es ser sacerdote. En esta parte de la historia está muy claro que Victoria se encuentra enamorada de Federico y posiblemente él de ella. Victoria le platica a Federico el origen de su reticencia a la iglesia, cuenta que cuando tenía trece años de edad fue a confesarse porque se sentía muy angustiada, y que estando con los ojos cerrados y sintiendo de manera profunda su confesión de pronto sintió un aire caliente sobre su oreja y los labios del sacerdote queriendo besarla, Victoria salió corriendo de la iglesia y corrió  hasta quedar exhausta, Federico le dijo que él estaba consciente que la iglesia en el transcurso de su larga historia ha cometido muchos pecados, pero que a pesar de tener en su momento a los Borgias, aún así, la iglesia se mantiene de pie y ha sobrevivido a todo porque la obra es de Dios y no del hombre.

Al final, Victoria y Federico se confesarán su amor, no hay la menor duda que con defectos y virtudes es un sacerdote honesto, su acercamiento a Victoria es sincero y busca conducirla al ministerio de la salvación, pero es indudable que también se encuentra enamorado de ella, ¿Qué camino elegirá? Mientras Federico se encuentra en una tremenda crisis existencial, Victoria le dice lo siguiente: “Victoria. –¡No! ¡Arroje ya esa máscara de virtud!¡Usted no vino a mi como un sacerdote! ¡Usted se asomó a la miseria de mi vida, atraído por el abismo de mis pasiones! Ahora mismo está aquí, frente a mí, asustando de la verdad de sus sentimientos, angustiado y débil como un hombre.

¿Qué camino elegirá Federico? Ser o no ser sigue siendo el dilema.

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