ARMARIO DE AGUA
Por: Alberto Calderón P.

El desarrollo de la pandemia del coronavirus nos lleva al confinamiento en casa, a resguardarnos para no ser contagiados por el virus que ronda por nuestras mentes, en el ambiente y la imaginación, ahora recorremos nuestro hogar y sus tres espacios básicos: la cocina, el dormitorio y el baño.
La gran mayoría en las zonas urbanas tienen algo en común que es un espacio en donde guisar y preparar los alimentos, un sitio en donde descansar, ya sea una silla, sillón o una cama para las horas de reposo total, y un baño. Otras necesidades se complementan con otros espacios, estos pueden ser muy variados, algunos de ellos suntuosos e innecesarios, otros nunca se ocupan o muy rara ocasión, pero de lo que no podemos prescindir es del baño, sea para lavarnos las manos, bañarnos orinar y como se decía en el siglo XVIII “descargar el vientre”. La intimidad del momento y la utilidad que tiene la “taza de baño” de la que hablaré a continuación es curiosa en su origen y anecdótica, un ejemplo de ello es como lo definió Thomas Crapper, un empresario inglés, experto em plomería quien mejoró el sistema del asiento al evitar los malos olores, siendo el primero en llamarlo water closet o armario de agua y para simplificar el espacio quedaron solamente las iniciales W.C.
En la actualidad los espacios públicos en donde hay baños, para ubicarlos y diferenciarlos se han vuelto más visuales colocando muñequitas de variadas formas o accesorios de mujer y sombreros, bigotes, bastones y un sinfín de imágenes masculinas que representen la diferencia. En Roma a inicios de la era cristiana existían las llamadas columnas mingitorias que eran espacios públicos a un costado de los grandes salones. También para que los hombres no se orinaran en cualquier sitio importante del imperio romano, crearon orificios especiales en los muros como lo mencionó el historiador medieval Juan de Mariana.
El tema puede ser un poco extraño, pero como decía Bernard Shaw que solo una sociedad refinada es capaz de pensar en esas cosas y a la vez ruborizarse al hablar de ellas, siendo algo natural en el hombre. Existen registros del tema con una antigüedad de más de 4 mil años como el caso de la isla de Creta, concretamente en el palacio de Cnosos, ahí había un retrete parecido a lo utilizado hoy con un asiento, una cisterna para almacenar agua que se descargaba y corría por un canal. El más antiguo conocido data del siglo I de nuestra era y aun se conserva.
John Harington poeta de la corte de la reina Isabel I de Inglaterra, tradujo a Orlando Furioso del poeta italiano Ludovico Ariosto y autor de variadas obras, pero conocido por ser el inventor del inodoro, hecho exprofeso para la reina que tenía un olfato muy delicado, fue el primero con taza, válvula y agua.
La tecnología sobre el tema la tienen los japoneses. Para los espacios de intimidad fisiológica se ha desarrollado de forma ingeniosa, ahí las tazas cuentan con calefacción por proximidad, chorros de agua templados limpiador para hombres y mujeres, secado con aire templado, tienen un sistema de eliminación de olores que lleva integrado, limpieza automática del mueble con solución bacteriana, música relajante, algunos de ellos hacen una medición de la glucosa en la orina.
Otro de los modelos destacados fue el presentado por Bill Gates, capaz de transformar los desechos en fertilizantes, con elevados estándares de higiene que ayudarían a eliminar enfermedades y muertes en menores de edad. No debemos olvidar que alrededor de 900 millones de seres humanos siguen haciendo sus necesidades fisiológicas al aire libre.
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Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores (REVECO)