EL PODER DE LA PALABRA

Primero la persona, después el mundo
Enrique Alberto Mendoza Filidor

“Siempre me ha parecido que a un ser humano
sólo le puede salvar otro ser humano”.
Heinz G. Konsalik (1924-1999) Escritor alemán.

Un científico muy preocupado con los problemas que agobian al mundo comenzó a pensar en soluciones que pudieran contribuir. Con la ayuda de filósofos, psicólogos, religiosos, biólogos, y representantes de todas las disciplinas dieron inicio a las propuestas que habrian de resolver los problemas del mundo.
Pasaban los días y el trabajo era cada día más pesado. Cierto día, su hijo de 7años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención.
De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo: “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie”. Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente. “Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo.
“Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que a su edad haya conseguido recomponer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo.
Todos los pedazos habian sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posbile? ¿Cómo el niño había sido capaz?
– Hijo, tú no sabías cómo era el mundo, ¿Cómo lo lograste?- Papá, yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de una persona. Así que di vuelta los recortes y comencé a recomponer a la persona, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglarla, di vuelta la hoja y ví que había arreglado al mundo.
Somos testigos de un momento histórico que deja enseñanza, muertes ocasionadas por el COVID-19, el ser humano es rebasado ante la incapacidad y desconocimiento. Cada país lucha por disminuir los riesgos de más contagios y muertes.
En 1918 hubo una pandemia de influenza con más de 50 millones de muertes, de la cual tuvimos que aprender y estar listos hoy, para enfrentarnos al surgimiento de nuevas enfermedades. La Organización Mundial de la Salud en su Informe sobre la salud en el mundo 2007, analizó la propagación internacional de enfermedades que amenazan la salud, la economía y la seguridad, advirtiendo los graves riesgos que vivimos a diario y la ineficiencia de las inversiones en sistemas de salud de los países, así como el abuso de medicamentos que disminuyen la resistencia inmunológica y aumentan la resistencia de bacterias y virus. Esto fue un grito en el abismo sin que nadie escuchara.
Por otro lado, el abuso de los recursos naturales y la falta de conciencia en el daño ecológico, ha traido cambios ambientales que mucho nos afectan.
La llegada de la Cuarta Revolucion Industrial con la inteligencia artificial, impone una realidad virtual que afecta el pensamiento de los seres humanos.
Según el filósofo coréano Byung-Chul- Han, desde un punto de vista patológico, el presente siglo no sería bacterial ni viral, sino neuronal.
Esto representa que vivimos en inicios del siglo 21 una transformación en las enfermedades, de lo físico a lo mental.
Pareciera que las condiciones del mundo digital nos produce satisfacciones momentáneas, viéndolo todo posible, sin límite, con miedo y violencia.
Hoy la pandemia del COVID-19 nos muestra rostros inesperados. La violencia contra el personal médico y de enfermería, es vergonzoso. Es degradación de las personas.
La violencia intrafamiliar, el abuso sexual de menores y las agresiones hacia las mujeres siguen creciendo, y no podemos, ni debemos permitirlo.
La positividad es una condición de ver todo bien, de aceptar que todo lo que sucede está bien, a pesar de la existencia de los valores tradicionales y universales que deben prevalecer.
Siempre se ha sabido que el exceso es negativo para todo, pero la perspectiva de ver todo bien, de aceptar como algo positivo la violencia, el abuso, la humillación, la burla y la muerte es algo que destruye tarde o temprano.
Nos acostumbramos a lo malo, como algo común o cotidiano por la megainformación que recibimos a diario, sin distinguir la verdad de la mentira.
Otro ejemplo que se estar haciendo tradición es la violencia en una aula, donde los estudiantes agreden fisicamente al profesor solo porque le llama la atención a un alumno, iniciando en Japón y Estados Unidos, se convirtió en imágenes virales que causaban gracia, pero que atrás lleva un desprecio por la autoridad y la disciplina, la pérdida del respeto a un profesionista que hace mucho era el más venerado, esto es seguido por otros paises en especial latinoamericanos, convirtiéndose en tendencia, siendo positivo para los jóvenes considerándolo como parte de su actuar cotidiano y natural.
Según el filósofo Han, “El exceso de positividad significa el colapso del yo que se funde por un sobrecalentamiento que tiene su origen en la sobreabundancia de lo idéntico. En este sentido, la hiperproducción, el hiperrendimiento y la hipercomunicación serían la masificación de lo positivo en las sociedades actuales. Esa masificación de lo positivo generaría no tanto restricciones en los sujetos, sino exceso de actividad y libertades. La nueva violencia no proviene de lo extraño y lejano, sino de las múltiples actividades que el sistema ofrece al sujeto. Ese exceso produciría una violencia indolora expresada por el agotamiento, la fatiga y la asfixia del exceso”.
Mientras no atendamos a persona por persona en su pensamiento y conducta, orientándole hacia una cultura de paz y respeto, hacia la lógica de lo que nos dá origen y destino como sociedad, con valores, viviremos esa violencia indolora que crece día a día que nos lleva a la degradación total.
Si no aprovechamos el mundo digital para saber y no ignorar, perderemos el rumbo como humanidad. Será un camino inminente de destrucción del mundo por no arreglar primero a la persona.

mendozafilidor@nullgmail.com