“China se llama así por Chin Shi Huang, que fue su primer emperador. El fundó a sangre y fuego la nación. Y la otra gran obra de su vida fue su muerte. su sepultura, su palacio para después. Comenzó la construcción el día en que se sentó en el trono, a los 13 años de edad. y año tras año el mausoleo fue creciendo, hasta ser más grande que una ciudad. También creció el ejército que iba a custodiarlo: más de 7 mil jinetes  y soldados de infantería. Cuando el emperador estaba por cumplir medio siglo de vida, vino la muerte a buscarlo y se dejó llevar. El gran teatro estaba listo, el telón se alzaba. La función comenzaba. El no podía faltar a la cita”. Lo publica Eduardo Galeano en “Espejos”.  Imagen de “fineartedeamérica”.