“Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña. / Con la sombra en la cintura / ella sueña en su baranda / verde carne, pelo verde, / con ojos de fría plata. / Verde que te quiero verde. / Bajo la luna gitana…”, hermosas métrica de Federico García Lorca. Vivimos la era de las hierbas, de las hojas y de los tallos verdes, el veganismo, pues. Desde que tengo memoria –y miren que me asombra su amplitud en el tiempo-, las hierbas siempre han sido parte de mis gustos culinarios. El berro, por ejemplo, esa hierba tan menospreciada en otros tiempos, con ese sabor tan personal entre picante y amargo, ligeramente agarroso, lo devoro desde que era chavo, salpicado de unas gotas de limón y sal de grano. Pero no hay otra hierba igual al cilantro, con ese aroma a México y a chinampa de Xochimilco. Huele y sabe a tierra mojada, como a barro húmedo. Es el ingrediente perfecto para aromatizar y dar sabor a cualquier salsa, desde el pico de gallo hasta a una salsa ligera de tomates verdes aguacamelada. La combinación del cilantro con epazote y tlanepa (voy a abusar de mi localismo, pero así le decimos en mi tierra a la hoja santa o acuyo), más cebolla y chiles serranos o xalapeños es una fórmula imbatible perfecta para carnes y huevos. El cerdo y la res se llevan muy bien con esta fusión, inclusive el pescado y cosas tan delicadas como la hueva de naca. Pero ¿qué me dicen del sofisticado sabor del perejil?, es perfecto para combinarse con la albahaca, cebolla y ajo, y si a esta mixtión le agregamos frutos secos (piñones, almendras tostadas, nueces y anacardos) y bayas rojas, se convierten en un aliño brutal tanto para ensaladas, pastas, carnes, pescados y mariscos (con los calamares y el pulpo a la plancha, ¡ay Dios!). Pero ahí no para la cosa. Desde la hoja de aguacate con frijoles refritos (memelas), verdolagas, apio, el tallo y las hojas; la enorme variedad de lechugas –prueben el kale-; acelgas, espinacas, hierbabuena, con aguardiente, limón, azúcar, hielos y agua mineral se prepara el delicioso mojito o la caipirinha; menta, orégano, fresco y seco; romero, tan europeo, que para las carnes es sensacional; comino, para las barbacoas; espárragos, alcachofas, y con las finas hierbas secas se preparan licores como el vermú y strega; y los deliciosos tepejilotes  amateco-cordobeses de diciembre. Y para qué le sigo, solo les digo, coman verde, son sanos, pura fibra y excelentes digestivos naturales. Foto de “Jardineríaon.com”. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.