EL FILÓSOSFO DE GÜÉMEZ
¡AH PO’S ME PARECE MUY BIEN!
Por Ramón Durón Ruíz (†)

Hoy me permito parafrasear una vieja historia y ponerla en voz del Filósofo: “Resulta que un joven insatisfecho con las perspectivas que según él, la vida le proveía, llegó con el viejo campesino y le preguntó:
— ¿Cuál es la solución para jóvenes como yo, que estamos insatisfechos con los caminos que la vida nos presenta actualmente?
El viejo Filósofo lo miró amorosamente a los ojos, que son el camino directo al alma y cariñosamente le respondió:
— Amar y sonreír.
— ¿Y luego de eso qué vendrá? –dijo desconcertado el joven.
— Habrás amado mucho y sonreído más –respondió el viejo campesino–, y con ello habrás cumplido la misión de tu vida… ¡ser feliz!”
Y en verdad ¿para qué estás en esta vida? sino para amar y sonreír, que las demás bendiciones llagarán solas y… ¡por complemento!
El amor tiene el milagro de enseñarte que eres el mayor don de la vida, que estás aquí no por casualidad ni para sobrevivir, sino para vivir renovado, el amor tiene la magia de transformar la vida en algo excepcional. Quien no ha aprendido el arte de amar, estará siempre vacío, por más dinero o poder que tenga; el amor es un compromiso que genera orden y paz interior, es tan grande que alinea la vida con el universo.
Existen dos caminos básicos para el amor: El primero dice que aprendas a amarte a ti mismo. El segundo te señala que el amor se agranda en el presente, y su secreto está en compartir; cuanto más compartes, más amor surge del interior; en la medida en que sacas agua de la noria de la vida, más agua fresca fluirá hacia ti.
El amor te enseña a no vivir de las apariencias, a no asirse en ser alguien distinto a ti mismo, porque alimentarás el ego y surgirá la vanidad que apagará la maravillosa luz del amor. Haz que el amor corra por tus venas como experiencia vital, no existen varitas mágicas fuera de ti, goza cada paso, cada minuto de tu tiempo, recuerda: el cuerpo es tu espacio sagrado, aprende a respetarlo y amarlo.
“Por su parte sonreír es altamente curativo, genera grandes beneficios a tu cuerpo, atacando directamente las hormonas del estrés; independientemente de producir placer constante, desarrollando y fortaleciendo tu sistema inmunológico.”
Sonreír te lleva a reconocer tus errores, analizarlos y dejarlos ir, impidiendo que te quiten el impulso para seguir creciendo; te conduce a cultivar el silencio, para escuchar la voz del alma; te lleva a no exigirte perfección ni esperarla de nadie; a descubrir tus fortalezas, debilitar tus debilidades, permitiéndole al alma sacudirse los polvos de aquellos lodos, sonreír es creer en tus sueños y por ellos ser niños eternos.
Lo de sonreír me recuerda aquella historia en la que el Filósofo de Güémez charlaba con los jóvenes del pueblo, cuando llegó el Simpleano, quien gozaba de fama de soberbio; dirigiéndose al Filósofo sin la más mínima cortesía le dice:
–– ¿Sabes?, mientras estos ca’ones se quedaron en el pueblo a rumiar sus miserias, yo estudié en el extranjero, recién llego.
–– ¡Ah po’s me parece muy bien! –respondió el Filósofo.
–– Y ¿Sabes? estudié Economía y allá me reconocen como muy brillante. –– ¡Ah po’s me parece muy bien!
–– Y me titulé antes que mis compañeros. –– ¡Ah po’s me parece muy bien! –responder el de allá mesmo.
–– Y quiero decirte otra cosa –continuó Simpleano– Yo sé que soy más inteligente que cualquiera de estos que te rodean y hasta que tú mismo Filósofo. –– ¡Ah po’s me parece muy bien!
–– Y, ¿tú Filósofo? a tu edad, ¿sigues siendo el mismo campesino ignorante de siempre?, ¿Qué jodidos has aprendido si no fuiste a la escuela?
–– Mira Simpleano, orgullosamente soy de Güémez como tú, diariamente aquí en el campo aprendo en la mejor escuela, que es la de la vida, aunque sea modestamente he aprendido y me he cultivado, por ejemplo, antes decía: “ME VALE MADRE” y ahora digo: ¡AH PO’S ME PARECE MUY BIEN!

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