JOSÉ RAMÓN ENRÍQUEZ, 75 AÑOS.

El fuego.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

En la historia del teatro contemporáneo en México el nombre de José Ramón Enríquez es una referencia obligada. José Ramón es un destacado poeta, actor, dramaturgo, ensayista, en su larga trayectoria ha sido dirigido por reconocidos dramaturgos, entre ellos, Ignacio Retes, y ha actuado en obras clásicas de teatro como: “Los albañiles”, “El juicio”, de Vicente Leñero. Pero si bien estamos ante un primer actor, también podemos acercarnos a José Ramón el escritor y en su abundante obra teatral nos encontramos con verdaderas joyas literarias, ejemplo es la pieza titulada: “El fuego”, obra con la que festejaremos los 75 años de vida del ilustre literato.

Existen varias obras de José Ramón Enríquez que tienen como tema de fondo el teatro clásico griego, en: “Orestes Parte”, estamos ante una ópera con música de Federico Ibarra, donde José Ramón nos lleva desde su visión a través de un poema dramático a conocer la venganza de Orestes y Electra contra Egisto y Clitemnestra asesinos de su padre Agamenón, esta historia trágica fue narrada por Esquilo en su obra: “Euménides”, por Sófocles en: “Electra” y Eurípides con el mismo título: “Electra”. En “El fuego” el dramaturgo parte de la clásica tragedia de Esquilo: “Prometeo encadenado” y nos regala una pieza profunda, reflexiva, moderna, critica, cautivante, no exagero afirmar que es una pieza teatral de culto, vayamos a ella.

La obra está compuesta en dos actos, José Ramón se dirige a un público conocedor del teatro clásico griego o mínimo a un lector que conoce la historia del héroe Prometeo, quien le robó a los dioses el fuego y se los entregó a los humanos y por este acto de rebeldía recibirá un fuerte castigo del Dios Zeus.  Lo bello de la historia es que, si bien el telón de fondo es la tragedia de Prometeo, José Ramón Enríquez utiliza el simbolismo de los sucesos para describir males que aquejan a nuestras modernas sociedades donde no hemos aprendido a valorar el regalo otorgado por Prometeo y poco a poco vamos destruyendo el fuego que nos regaló con tanto esfuerzo.

Los personajes centrales sólo son tres: “El Actor, El Director y El Buitre.” El Actor y Director se encuentran practicando la obra: “Prometeo encadenado”, porque en un promedio de quince días tiene que ser presentada en el teatro, el Director es un hombre con larga trayectoria y en los ensayos no está conforme con el desempeño del Actor, reconoce que dice bien los diálogos y lo hace como debería hacerlo, pero siente que algo le falta y por eso repite una y otra vez la actuación, llega un momento que el actor se desespera y le exige al Director le diga concretamente en qué falla, qué no le gusta o qué quiere que haga, el Director reafirma que todo está bien pero que a ambos les falta “el fuego”, él al dirigir y el Actor al actuar, y llegan a reconocer que al igual como es la vida misma de ordinaria y rutinaria, a ellos les está faltando pasión, entrega, admiran pero no sienten, quieren pero no aman, poseen pero no se entregan, y a partir de este reconocimiento empezarán a buscar el fuego, han comprendido que: “Director: ¡Es que sin fuego, no hay Prometeo, ni humanidad, ni Zeus, ni un carajo!”

Cuando estos personajes se encuentran en busca del fuego para expresarlo en su actuación, aparece el Buitre representado en la figura del ejecutivo o empresario que está financiando la obra, el Buitre empresario se enteró que la obra va lenta porque Director y Actor se encuentran buscando el fuego, preocupado por su dinero invertido y por las ganancia que puede dejar de obtener fríamente se dirige a los dos artistas con palabras puntuales que describen los intereses de los buitres de las vigentes sociedades: Buitre: ¡Eso! ¡eso es lo que me han dicho! ¡Que andan buscando el fuego! (Gran risa). ¡Esquilo vivió hace dos mil quinientos años! ¡Dos mil quinientos años! Es como una estatua: ¡Hay que verlo y nada más! ¡Dos mil quinientos años y ustedes quieren que siga ardiendo el fuego! (Endurece) ¿Cuál fuego? ¡El fuego no existe! ¡El único fuego es el de los cerillos y el de calentar la sopa! ¡No sean ridículos! ¡Venir en estas fechas a descubrir el fuego!”.

El Director intentó tranquilizar al Buitre empresario y le dijo no se preocupara que ya no buscarían el fuego y la obra estaría lista para ser representada en el tiempo acordado, pero el Actor no se doblegó ante la insensibilidad del Buitre y lo enfrentó diciéndole que él seguiría buscando el fuego, esto originó una fuerte discusión entre ellos y el Buitre como inversionista los amenazó y aplazó para que cumplieran y presentaran la obra saliera como saliera, lo peor del caso es que el Director, por miedo, tal vez, por necesidad de empleo o por vivir en un país donde el arte no paga y muy poco interesa, se sintió intimidado por el Buitre e hizo a un lado sus valores y principios, esto ocasionó que entre Director y Actor nacieran diferencias casi irreconciliables, al paso de los días el Director parecía reaccionar y seguir junto a su dirigido buscando el fuego, aun así seguía dudando, por supuesto que el Buitre no se cruzó de brazos y se presentó con diversas mascaras ante el Actor, ejemplo es cuando mediante astucias intenta convencer al Actor:

Actor: Sin embargo, hoy el monarca es mi enemigo y su injusticia pesa, me desangra…Madre. ¿Qué puedo hacer tras resistir? ¿Cuál es el siguiente paso y mantenerme firme y guardar mi secreto? ¿Hacia dónde seguir si estoy encadenado? Buitre: ¿Me preguntas a mí, que no tengo otro anhelo fuera de saberte amado por el Rey? Ante Zeus no se debe resistir: ¡entrégate y discúlpate; implora su perdón y paladea su orden! Para eso te amamanté, no para escuchar tus gemidos, despojado de todo, desangrando, soberbio… Actor: ¿Me pides que me entregue? Buitre: Que depongas tu estúpida actitud y que te entregues: renunciarás a tu obstinado orgullo. Actor: La tierra, mi propia madre y cómplice…no…Escucho tu voz, pero no reconozco tus palabras…Voy caminando, madre, encadenado y todo voy comprendiendo que mi herencia a los mortales es sólo mi actitud, que el resto habrán de decidirlo desde sus propias rocas, y me pides, justamente, que deponga mi actitud y que me entregue y que conmigo entregue aun el fuego que robé para los hombres.” (El subrayado es mío por la trascendencia.)

Al final del dialogo el Actor descubre que la voz era la de su madre Temis con la cara del Buitre, ese Buitre traidor, ese Buitre que siempre busca dominar, traicionar, imponer, subyugar, ya sea con la máscara de un Dios, un Rey, un Sacerdote, un Ejecutivo o lo por ello el Actor nos recuerda que nunca debemos dejar de buscar el fuego, porque Prometeo sufrió mucho para otorgárnoslo, se opuso al tirano Zeus, sufrió el terrible castigo, y aunque con sólo confesar y aceptar las reglas de su tirano podía ser librado del castigo, Prometeo valientemente prefirió sufrir por nosotros para que pudiéramos poseer el fuego, es decir, la vida, y ahora los únicos responsables de mantener el fuego en nuestras vidas somos nosotros mismos, el fuego puede ser actualmente representado por la libertad u otro valor según sea el caso, pero el gran mensaje es nunca doblegarnos ante el tirano, sino cada día seremos menos humanos…

 

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