Sobre el miedo

David Quitano Díaz

Nada en los asuntos de los hombres es digno de gran ansiedad

Platón

Con la noticia de la aparición de distintas vacunas contra el Covid-19 se han generado posturas de esperanza, pero también de escepticismo, principalmente por el hecho de que el tipo de composición del vector viral (virus genéticamente modificado) o ARN (fragmento de código genético del virus) parece atender más una alteración genética que una vacuna ortodoxa.

Al tiempo que busco documentarme al respecto, recuerdo algunas lecturas que realicé hace algunos años mientras estudiaba mi posgrado en Relaciones Internacionales, en lo particular se me vino a la mente una de Corey Robin “Fear: The History of a Political Idea” algo así como “Miedo: la historia de una idea política”.

Robin ha escrito libros sobre el papel del miedo en la vida política, rastreando su presencia desde Aristóteles hasta la guerra contra el terror y sobre la naturaleza del conservadurismo en el mundo moderno, desde Edmund Burke hasta Donald Trump.

Y hoy se vuelve bien útil, porque el miedo es el punto central de la pandemia. Ya que como la historia lo muestra, primero se alienta el miedo y después se ofrece protección. El miedo es el gran actor político de la historia.

Hoy la inestabilidad por la pandemia multiplica la presencia de las cinco plagas de nuestro siglo: ansiedad, estrés, ira, insomnio y depresión. Para poder lidiar con tantos nuevos retos y sus complejidades necesitamos un sistema operativo interno que nos permita tratar esto sin perder la salud en el empeño.

Para esto tendríamos que comprender un entorno bajo la lógica de Hobbes, él mismo decía: “El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo” y “La única pasión de mi vida ha sido el miedo”.

Hobbes al igual que nosotros vivía la pandemia del medioevo que se encontraba enmarcada por guerras.

Hobbes en el Leviatán usaba el miedo como excusa y estrategia para justificar al Estado totalitario, ese puede ser el nuevo pretexto de gobiernos más autárquicos que no solo coaccionen la libertad de tránsito por temas propios de la pandemia, sino también aspectos como la libertad de expresión pueden llegar a estar en peligro.

Mencionaba que estaba dispuesto a afirmar que el origen de las sociedades grandes y duraderas no consistía en la buena voluntad mutua que los hombres tenían entre sí, sino en el miedo mutuo que tenían unos de otros.

Se entusiasmó con el miedo a la muerte, no solo a la emoción afectiva, sino a la aprehensión cognitiva de la destrucción corporal, porque pensó que ofrecía una salida de este Estado de naturaleza.

Cualquier cosa que la gente considere buena, argumentó Hobbes, debe reconocer que la autoconservación es la condición previa para su búsqueda.

Deben darse cuenta de que la paz es el requisito previo para su preservación y que la paz se garantiza mejor si acuerdan someterse absolutamente, es decir, cediendo gran parte de los derechos que son por naturaleza suyos, al Estado.

Ese Estado tendría autoridad total para definir las reglas del orden político y poder total para hacer cumplir esas reglas.

Dice Hobbes en “Leviatán” que la ausencia del Estado trae “miedo continuo, y peligro de muerte violenta; y para el hombre una vida solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. ¿Les trae algo a la mente?

A la “sumisión perpetua” el Estado llega a través del miedo. Eso se sabe desde que lo inventó Hobbes; ¿el miedo a la pandemia no nos puede trasladar a una nueva sumisión?.

Así que es fácil imaginar el rendimiento que el Poder le va a sacar a la pandemia. Porque como indicó Hobbes: las pasiones que inclinan a los hombres a buscar la paz son el miedo a la muerte y el deseo de vivir cómodamente.

Por ello existe la posibilidad de no tener miedo o volvernos gemelos como Hobbes nos recomendó, toda vez que es importante reconocer que somos muchísimos los que hacemos política desde el centro, a partir de principios y eso demanda un mayor riesgo.