Nos dolió verdaderamente tu inesperada partida. Confiaba candorosamente en que el virus no podría derribar gigantes como tú, pero me equivoqué otra vez. Nadie, ningún mortal e incluso inmortales como tú están a salvo ante su instinto asesino que no ve trascendencia, legado, posición económica, raza o preferencia religiosa. Que tu muerte nos sirva de lección para hincarnos ante la fuerza de tu tempestad. Querido Armando, contigo me pasó como con Dios, sin verte te adoré porque en verdad las letras de tus composiciones son sencillas pero poéticas. La primera de tus obras que recuerdo es ‘Esta tarde vi llover’, que llegó a mis oídos gracias a que alguien compró en mi casa ese ya legendario acetato de RCA Victor. Ha de haber sido allá por el año 67, hace 53 años para ser exactos. Algo tiene de especial esa canción que me dejó impactado desde aquella primera vez que la escuché por propia voz, esa tu voz con un acento tan especial y que después supe que era típico de los que son mayas como tú. Yo no sabía pero ya te venía escuchando desde antes en aquella legendaria radio de los años 60 por voz de la mismísima Angélica María que te cantaba un inocente pero pegadizo “rockcito” llamado ‘Eddy Eddy’. Te voy a echar mucho de menos, figuras como tú siempre hacen falta. Me quedo con lo que dice mi favorita de tus composiciones para rendirte un homenaje póstumo: Te extraño /Cuando camino /Cuando lloro /Cuando río /Cuando el sol brilla /Cuando hace mucho frío /Porque te siento /Como algo muy mío /Te extraño… Foto de Agencia EFE. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.