A sí, claro que sí, y no exagero, qué gran invento de los humanos y de la historia del comercio universal. Y esto, que puede parecer desbordado, me nace tal vez porque en mis inicios en el mundo profesional –ochenta y tantos- me tocó trabajar brevemente en una cadena de supermercados cuya matriz se encuentra en Córdoba. Desde ese entonces me une una extraña afinidad a estos establecimientos en donde en un solo espacio se encuentran un número indeterminado de satisfactores (mercancías). Pero de aquellos años a estos días pandémicos ha corrido mucha agua bajo el puente. Aquellas viejas tiendas de autoservicio que conocimos mutaron, transitaron, de establecimientos grises, anodinos y un tanto insustanciales a espacios comerciales sofisticados, dinámicos y llenos de luz, pero sobre todo, se convirtieron en una nueva clase de mercados en donde las familias encuentran desde cosas de primera necesidad para la vida diaria, hasta las más innecesarias, pero con un atractivo y poder seductor difícil de resistir, los supermercados transformaron radicalmente nuestra forma de mercar, pasaron de bodegones a convertirse en el epicentro de muchos que, como el que teclea, lo convertimos en el modus operandi de nuestra cotidaneidad. Foto de Tripadvisor”. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.