45 ANIVERSARIO DEL PREMIO CERVANTES. (II)

Francisco Ayala.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

En el año 1991 el Premio Cervantes fue otorgado al escritor español Francisco Ayala. Cuando empezamos a leer la obra de este gran escritor nos encontramos con una obra voluminosa, diversa, sus novelas son un clásico de la literatura del siglo XX, “Muertes de perro” es una de ellas. Franciso Ayala escribió relatos, cuentos, ensayos, crítica literaria, realmente estamos ante un escritor de cepa, además, fue un reconocido periodista cultural y traductor de libros de Rainer María Rilke, Thomas Mann, Alberto Morovia, fungió como Maestro en importantes universidades de Puerto Rico, Estados Unidos, vivió exiliado en Argentina donde mantuvo una estrecha amistad con Jorge Luis Borges, fue amigo personal de Gabriela Mistral, en general, Francisco Ayala es un escritor de culto y nos acercaremos a su abundante obra comentando su libro de ensayo sociológico titulado: “Oppenheimer”, publicado en 1942 por el Fondo de Cultura Económica.

Si tuviera que elegir entre la obra narrativa o la ensayística del Maestro Ayala, sin ninguna duda prefiero al Maestro literario por encima del académico, sin embargo, se ha elegido el ensayo sociológico para su lectura y escritura porque los temas abordados siguen siendo orteguianamente los temas de nuestros tiempos. En este libro Francisco Ayala realiza un acabado, exquisito y erudito estudio sobre la obra del sociólogo alemán Franz Oppenheimer, este destacado economista político, sociólogo, literato, nació en Berlín, Alemania en 1864 y morirá en Estados Unidos en 1943, dejando una amplia obra en el terreno de las ciencias sociales.

El Maestro Ayala inicia el ensayo refiriendo la parte biográfica de Oppenheimer señalando que sus primeros estudios los realizó en medicina y que luego, luego, empezó a ejercer su profesión médica y fue precisamente la práctica de la medicina la que provocaría que su vida diera un giro y se volcará a los estudios sociológicos, ¿Qué fue lo que sucedió?, El Maestro Ayala narra lo siguiente: “Por lo pronto, su contacto con aquel mundo lo empujó hacia la medicina social. Se le hizo evidente la relación que existe entre la mortalidad de niños de pecho que sucumbían en el rigor del verano al cólera infantil, y la estrechez de la vivienda; entre las plagas terribles de las enfermedades sexuales y la prostitución; entre la creciente multitud de abortos criminales y la estratificación social…La contemplación de personas jóvenes a las que él, médico, hubiera podido curar suministrándoles aire sano y nutrición suficiente, y que, no obstante, debían sucumbir privadas de tales elementos, empuja su atención hacia los problemas de la economía.” (Y puede afirmarse conforme a lo leído, que aquí nació el futuro sociólogo que dedicará toda su vida a estudiar, conocer, investigar y escribir una enorme obra titulada: “Sistema de Sociología”.)

Antes de leer el presente ensayo de Francisco Ayala, quiero confesarles que lo único que había leído de Oppenheimer es su tratado sobre el Estado, lo hice porque Oppenheimer es contemporáneo de Max Weber (nacieron el mismo año) y los dos son parte de la cúspide del pensamiento sociológico y politológico alemán de finales del siglo XIX, y, sobre todo, de inicios del siglo XX. Ambos pensadores dejaron una obra vibrante, vigente, critica, muy estudiada en las universidades y por la clase intelectual, sin exagerar son dos figuras ineludibles. Ahora bien, vimos que Oppenheimer en su práctica profesional inicial descubre que la economía es una disciplina fundamental para el bienestar individual y colectivo, pero también comprendió que la economía pura o economía política está regida por el Estado, luego entonces se pregunta: ¿Qué es el Estado? Oppenheimer responderá a esta pregunta de manera detallada haciendo un largo recorrido histórico por las formas de Estados, sociedades, gobiernos, modelos económicos, todo este estudio se publica en su obra: “Sistema de Sociología” que incluye el tratado sobre el Estado.

Tratando de empatar lo planteado por Oppenheimer a la realidad actual, realizaré las siguientes interrogantes con sus previas reflexiones. Las existentes sociedades sienten un enorme descontento por la clase política y esto ha originado que no les interese la política o en su caso afirman que no les gusta la política, derivado de ello les pregunto: ¿Existe en el mundo conocido otra forma de organizarnos como sociedad? ¿Si no existiera el Estado que regula, (aunque regule mal), quién va a regular? Lo anterior nos lleva inequívocamente a concluir que el Estado es inevitable, insustituible, un mal necesario, que las ideas anárquicas sólo provocan desordenes, violencia, pero que en realidad son tan utópicas como los Estados ideales, entonces preocupémonos y ocupémonos por pensar y repensar cómo mejorar lo que ya tenemos, es decir, el Estado actual.

Si partimos que el Estado es una realidad inevitable lo que tenemos que preguntarnos es: ¿Qué tipo de Estado queremos? Independientemente a la respuesta que nos demos tenemos que tener claro que los Estados se construyen, no esperemos que las cosas nos lleguen solas. Oppenheimer en sus investigaciones apuesta por un Estado menos controlador, estudia los mecanismos para tratar de evitar los monopolios, siendo para él el origen de muchos males como la desigualdad, la pobreza, el sociólogo alemán estudió los diversos sistemas de Estado y Sociedad planteados por el marxismo, analizando la eterna disputa que tienen los marxistas con los representantes de la corriente liberal, proponiendo Oppenheimer un punto intermedio que pueda ofrecer una ruta de tolerancia, respeto, progreso, concordancia, y considero que aquí se encuentra uno de los puntos culminantes del pensamiento de Oppenheimer al buscar la unidad respetando la diversidad, en palabras de Francisco Ayala el sociólogo alemán busca:

Una concepción del universo en la que se encuentra implícito el reconocimiento de que aquello que es común a los hombres tienen más volumen e importancia que aquello que los separa; una concepción del universo orientada por encima de las naciones y de las razas hacia la amistad internacional y hacia el concepto de humanidad, hacia una ciudadanía del mundo no fundada en el igualitarismo vacuo, sino entendiendo humanidad como concierto de las naciones, en el que cada cual toque su peculiar instrumento con toda maestría, para crear todas juntas las armonía más soberbia, de manera que el nuevo ideal de humanidad vendría a enlazar con los viejos maestros del siglo XVIII.

Finalmente responderé a la pregunta: ¿Qué Estado quiero?

Partiendo de que la razón no puede exigir lo imposible, y Kant nos enseñó que nadie está obligado a realizar lo imposible y como lo más posible es la imperfección, afirmo que aspiro a un Estado que respete la Constitución (difícil petición, pero es muy razonable), que los gobernantes empoderados comprendan que su visión es respetable, pero que no pueden imponerla a los demás, que entiendan que no estamos en contra de combatir la desigualdad, la pobreza, la corrupción, pero que hasta para lograr esos dignos actos se debe respetar la ley, que acepten que la República democrática, la división de poderes, la libertad de expresión, la crítica, son derechos e instituciones que no fueron creadas por los corruptos gobernantes del pasado, que si bien ellos las mal utilizaron y las desconfiguraron, los modernos gobernantes deben fortalecerlas, democratizarlas, en palabras claras y llanas, no quiero a un poder Ejecutivo todo poderoso, ni a un poder Legislativo sumiso al Ejecutivo, quiero un poder Judicial realmente independiente, quiero Organismos Autónomos fuertes, transparentes, no aspiro a un Estado ideal, sólo a un Estado garante de la ley, de la democracia, a un Estado que retome el camino de fomentar una educación laica, libre, critica, competitiva, meritocrática, universal, ese es el Estado que quiero.

 

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