Se va pero se queda este grande entre nosotros. El pasado 2 de diciembre, el cantautor catalán Joan Manuel Serrat Teresa (Barcelona, 27 de diciembre de 1943) anunció su retiro definitivo de los escenarios. Esto se dará después de una gira mundial de despedida. A propósito de ello, quisiera comentar brevemente sobre este gran artista al que he admirado de toda la vida. En realidad ya empecé a escuchar tarde a Serrat, ha de haber sido en la preparatoria. Digamos que a partir de mediados de los 70. La primera canción que recuerdo de él fue Penélope (1969). Cómo no acordarme de aquella estrofa que dice «… Pobre infeliz / se paró tu reloj infantil / una tarde plomiza de abril / cuando se fue tu amante… Impresionante poética, porque Serrat más que cantante es un gran poeta. Y de ahí me vino el gusto por otras canciones inmortales: Mediterráneo (A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino,
soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
tengo alma de marinero.), Caminante no hay camino, Aquellas pequeñas cosas (que también cantaba Mercedes Sosa de manera grandiosa), Esos locos bajitos (Niño, deja ya de joder con la pelota, niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca), y así podría hablar de cuando menos 10 canciones más del barcelonés muy entrañables para este escribiente. De Serrat admiro todo: su catalanismo sin renunciar a España, su gran dignidad para representar a Cataluña y a España, su talento para componer piezas entrañables y tiernas. Confieso que me duele mucho su retiro, pero entiendo que todo tiene un principio y un fin, lo entiendo, sin embargo se va ir de los escenarios pero su música y sus letras van a estar ahí, inolvidables, inmarcesibles, inmortales, generosas y eternas. Lo vamos a extrañar catalán en verdad. Lo escribe Marco Aurelio González Gama.