Loretela se estaba confesando con el Padre Carulino, párroco del pueblo. «Luego me desabotonó la blusa». -¿Y luego?», preguntó con cierta agitación el padrecito. Luego-siguió Loretela- me desabrochó el brassiere y me llenó de besos el busto al mismo tiempo ardientes y húmedos. ¿Y luego? ¿Y luego?, quiso saber el confesor con excitación creciente. Luego- continuó la muchacha- me acostó en el diván de la sala y se tendió sobre mi». ¿Y luego? ¿Y luego?, inquirió el curita respirando fuerte. «Luego, llegó mi mamá y ya no pasó nada». Estalló el confesor: ¡Vieja metiche!». Lo escribe Catón» en Reforma. Foto de «Adelante la Fe».