«Astratasio Garrajarra, el borrachín del pueblo, caminaba haciendo eses- y emes, y efes, y equis- por la calle. En una esquina se detuvo y pidió con tartajosa voz a un transeúnte: «Perdone, mi estimado. con todo respeto, ¿podría usted decirme cuántos chichones tengo en la cabeza? La revisó el señor y contestó: «Son siete». «Es usted muy amable caballero- agradeció el beodo- Eso quiere decir que ya nada más me faltan cinco postes para llegar a mi casa». Lo escribíó en «Reforma».