Ello nos remonta a que cuando éramos muy jóvenes en Coatepec y estudiábamos por las tardes  en el Centro Cultural Loyola del padre Felipe Tejeda- – casi  nuestro segundo padre-  e íbamos al «Cine Imperial,», lo que más anhelábamos era comprar una  bolsa de pistaches, que eran muy caros,  y a veces no teníamos lo suficiente para adquirirlos. Y recordar también que si el padre Felipe se enteraba que estábamos viendo una película clasificación C,  mandaba al cine a un propio a «invitarnos» a que dejáramos la sala, lo que siempre hacíamos.  Fotos del Poder del Consumidor y archivo.