La cada vez más sorprendente Ciudad de México y Suecia en camino
Marco Aurelio González Gama
Esta semana que está por concluir, me trasladé a la Capital de la República por un asunto de suma trascendencia para el tronco de mi familia, los González Ornelas, que formamos mis tres hijos –incluida con especial cariño su media hermana, quien siempre ha sido parte especial de nuestra vida familiar junto con su pareja, perrihijos, gatos y demás congéneres–, su madre y mi hermosa nieta, que es como la joya de la corona. Pero antes de entrar en materia les quiero compartir la gran impresión que me causa la Ciudad de México cada vez que vuelvo a ella casi siempre por el mero placer de estar con mi familia. No obstante, no podemos abstraernos al embrujo que ejerce la Capital por más que se crea (otra vez el hubris) que la conoce de pe a pa. En primer lugar, la magnitud de la urbe que es prácticamente inconmensurable; en segundo lugar se encuentra el dinamismo: gente caminando, subiendo y bajando de su amplio sistema de transporte público (metro, metrobús, el de doble piso que recorre el hermoso Paseo de la Reforma; trolebús, tren rápido, teleférico; el interminable periférico con sus imponentes vías rápidas superiores y distribuidores viales, etc.). En tercer lugar está su verdor, la ciudad está repleta de árboles, arbustos, parques, áreas jardinadas por doquier; ¡el histórico Bosque de Chapultepec!. Si hiciera un recuento detallado de lo verde que es la ciudad no terminaría, a pesar de la plaga que está acabando con las hermosas palmeras que el gobierno de Etiopía regaló a México y que adornaron por años la que fue la glorieta que lleva el nombre de ese país africano y a algunas de las principales avenidas de la colonia Narvarte, principalmente Cumbres de Maltrata. Pero la Capital también tiene su parte surrealista, lo que representa para el que esto escribe un choque cultural que aumenta mi capacidad de asombro, les platico rápido algo que me ocurrió bajando del metro Viaducto, del lado de la colonia Álamos. Resulta que me incorporo a la Calzada de Tlalpan después de abandonar la terminal y empezando a caminar me voy encontrando a una mujer china, cual marchanta autóctona, con un bebé a la espalda, digamos que «enrebozado», y friendo en un anafre de carbón nada más y nada menos que rollos primavera con diferentes rellenos, típicos chinos, como debía de ser y unos frascos de salsa de soya para acompañar los rollos, y la gente haciendo cola para que les despachara la oriental mujer. Me quedé de a seis. Esa es la sorprendente Ciudad de México, pero ya entrando en materia, viajé a la capital porque Ulises, mi hijo el mayor, el jueves viajó a Malmo, Suecia porque va becado a estudiar una maestría en Sustentabilidad. Hablar de Uli, como familiarmente nos referimos a él, sería una historia de nunca acabar. Fue un niño que hasta en el kinder sacaba diez. Por su brillantez en esa etapa pre primaria tuvo el privilegio de conducir el programa (con impecable lectura de por medio) de su graduación del histórico «Rosaura Zapata» (de la calle Diego Leño) que dirigía la grandiosa Gladis Melgarejo, junto a sus hijas Gladis y Sheila Rannauro Melgarejo. Bueno, y después vino la profesional en la UNAM donde se graduó como LAE, una gran experiencia laboral y, ahora, ha brincado el charco para instalarse en ese país nórdico e iniciar una nueva etapa de su vida académica y profesional. ¿Cómo me siento? Pues francamente muy orgulloso, no solo de Ulises, no puedo hacer distinciones entre mis tres hijos: son como tres dedos de una mano, cada cual tiene sus virtudes y defectos, con personalidades contrastantes, eso sí, con un inconfundible gusto por la comida cordobesa que es el sello que los une a los tres. Como padre, no me queda más que contemplar con beneplácito los diferentes caminos que cada uno de ellos va eligiendo, con la certeza de que todos, a su manera, están creciendo y honrando lo que somos como familia. Muchas felicidades, querido hijo Ulises, que este viaje a Suecia sea el inicio de una nueva etapa luminosa, mientras aquí, en México, tu familia -todos, sin excepción- te acompañamos con orgullo y amor. Felicidades querido hijo Ulises, buena suerte en Suecia.
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