Cicerón no concibe la vejez como una condena a la degeneración. «Sigue siendo necesario para que el anciano conserve el espíritu que no renuncie a ejercerlo o a enriquecerlo». En otras palabras, no es la vejez la que produce la debilidad de la mente, sino que nosotros mismos, cuando hemos llegado a la vejez, ya no consideramos útil ejercitar nuestra mente. La vejez es una enfermedad sólo para aquellos que le temen; para otros, es un proceso natural de desarrollo del organismo y la oportunidad, en este momento de la vida, de vivir en el tiempo presente en lugar de temer la llegada de una nueva edad. Lo escriben en el libro «Filosofía para todos los días» de Tania Sánchez, Ediciones Culturales Paidós 2025. Imagen de «Busca Libre».






