La reserva natural es testigo de esa crisis. Antonio González Vizcarra, director de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, relata que durante la temporada pasada (diciembre 2024 – abril 2025), los datos del monitoreo reflejaron una disminución importante en el número de ejemplares que arribaron a la reserva y se reportó un alto número de varamientos de ballenas muertas: 44 ballenas grises y una jorobada en Ojo de Liebre, y tres más en San Ignacio.
El funcionario explica que la disminución de la población de ballena gris no solo responde a fenómenos climáticos, sino también a la degradación de sus zonas de alimentación en el Ártico, lo que provoca que lleguen en malas condiciones físicas tras su largo viaje migratorio.
“Hay una disminución en la disponibilidad de alimento. Las ballenas llegan flacas, sin la energía necesaria para aparearse. Eso también explica por qué vemos menos crías”, señaló.
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En ese contexto, hace un llamado urgente para fortalecer las acciones de protección de esta especie emblemática de las costas mexicanas.
“Necesitamos sentarnos a platicar con los investigadores y biólogos marinos, y que esa información llegue a los tomadores de decisiones para fortalecer las acciones de conservación”, subraya el funcionario.
La ballena gris es un tesoro natural de México, y su futuro está en nuestras manos.
El Vizcaíno: Un santuario vital para la ballena
El complejo lagunar de El Vizcaíno, compuesto por las lagunas Ojo de Liebre y San Ignacio, fue declarado en 1972 como el primer santuario de ballenas del mundo. En él, nacen y se reproducen hasta el 90% de las ballenas grises del planeta: 15% en el complejo de Bahía Magdalena, 55% en Ojo de Liebre y 35% en San Ignacio.
Por esta razón, explica González Vizcarra, la ballena gris es considerada una especie mexicana. Sin embargo, su estado de conservación está en riesgo.
“Tuvimos registradas 568 ballenas en Ojo de Liebre y 91 en San Ignacio. El año anterior fueron 758 y 125, respectivamente. La disminución es notoria”, señala el director de la Reserva.
El aumento en la temperatura del agua, asociado al fenómeno de «La Niña», es una de las causas que –explica– modificaron su patrón de migración. En lugar de concentrarse en las lagunas interiores, las ballenas comenzaron a desplazarse hacia otras zonas más al sur de la península.
“Nos reportaron avistamientos en Cabo Pulmo, en el Parque Nacional Bahía de Loreto y hasta en la Bahía de Los Ángeles, cosa que normalmente no se da”, explica el director de la Reserva
El 19 de febrero, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) reportó de 50 ejemplares de ballena gris en las aguas del Parque Nacional Cabo Pulmo, fenómeno que marcó la primera vez en la historia del parque que se observó un número tan significativo de ejemplares de esta especie en la zona. Su avistamiento generó gran interés entre la comunidad científica y los visitantes del parque.
(Foto: Conanp)








