Asistencia Tanalógica.
Grupo GPA.
A la memoria del Sr. José Ugarte Berazain.
José Ugarte, a quien todos conocían y llamaban con cariño Pepe, fue un hombre
alegre, noble y sencillo, cuya vida dejó una huella profunda en todos los que
tuvieron la fortuna de conocerlo.
Desde siempre se distinguió por su preparación, por ser un hombre muy
estudiado, pero sobre todo por la manera en que ponía ese conocimiento al
servicio de los demás. A lo largo de su vida recorrió diversos países de América
Latina y Europa impartiendo talleres y asesorías. No lo movía el interés
económico, sino el deseo genuino de ayudar, de ofrecer la asesoría técnica que
alguien necesitaba, de poner su capacidad y experiencia al alcance de quien lo
requiriera. Esa generosidad, esa forma altruista de compartir lo que sabía, es
uno de los legados más valiosos que dejó.
Durante 31 años compartió su vida con la señora Guadalupe, con quien
construyó un matrimonio lleno de respeto, fidelidad y amor. Fue un esposo
atento, detallista y leal. En cada viaje que hacían juntos, en cada lugar nuevo
que conocían, él disfrutaba no solo del paisaje, sino de la compañía de su
compañera de vida. Porque para él, la verdadera riqueza estaba en esos
momentos compartidos, en los detalles, en la certeza de estar juntos.
En lo cotidiano, Pepe encontraba paz y felicidad en lo sencillo: recorrer el rancho,
convivir con sus animales, disfrutar de un viaje al lado de su esposa o
simplemente mirar la televisión en casa. Era un hombre honesto, recto, altruista
y tranquilo, alguien cuya nobleza dejaba huella en quienes lo conocían.
Quienes lo conocieron lo describen como un hombre noble, honesto, recto y
altruista. Alguien que siempre actuaba con la verdad por delante, que no buscaba
aparentar, que vivía con sencillez y transmitía confianza. Era tranquilo, sereno,
y al mismo tiempo cercano y cálido. Nunca buscó reconocimiento, y sin embargo.
se ganó el cariño y el respeto de todos los que lo rodeaban.
Pepe fue también un gran amigo. Sus amigos y conocidos lo recuerdan con
especial afecto por su disposición a escuchar, por su manera franca y clara de
hablar, y por esa nobleza que lo acompañaba en cada relación. Tenía el don de
hacer sentir bien a las personas, de transmitir calma, y de estar presente cuando
alguien lo necesitaba.
Hoy, al recordarlo, se honra a un hombre que vivió con integridad, que amó con
fidelidad y que compartió con generosidad. Su partida deja un vacío profundo pero
también una enseñanza: la de vivir con nobleza, disfrutar de lo simple y regalar lo
mejor de uno mismo sin esperar nada a cambio.








