Desde hace más de tres décadas, el etiquetado de mariposas monarca es una herramienta esencial para comprender uno de los fenómenos migratorios más sorprendentes del planeta.
“Cada mariposa etiquetada que encontramos es un mensaje que ha cruzado miles de kilómetros…Nos dice de dónde vino y nos ayuda a entender mejor su migración”, dice en entrevista el biólogo Chávez Cisneros.
Una etiqueta, clave en el viaje de las mariposas monarca
El programa de etiquetado es coordinado por la organización Monarch Watch en Estados Unidos y opera desde hace 33 años, lo que permite reunir información clave sobre el comportamiento y los cambios en la migración de esta especie.
En México, donde la mariposa monarca es una especie protegida y no puede ser manipulada sin permisos específicos, la tarea de los vigilantes que forman parte de Correo Real consiste en encontrar y documentar los ejemplares que encuentran etiquetados.
Si las ven, tomen una foto, compártanla, busquen una etiqueta. Detrás de ese vuelo hay décadas de trabajo, esperanza y amor por la vida.
Desde hace 33 años, este programa ha integrado una red de científicos, docentes, estudiantes y ciudadanos de todo el país ha colaborado recopilado datos, impulsado acciones de conservación y fomentado la participación social.
Actualmente el programa es coordinado por Rocío Treviño Ulloa, quien el pasado 30 de octubre recibió Mención Honorífica del Reconocimiento a la Conservación de la Naturaleza, otorgado por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) de la Secretaría del Medio Ambiente (Semarnat), por sus 32 años de trabajo incansable a favor de la conservación de la mariposa monarca en México.
Las etiquetas que cuentan historias
El programa de etiquetado implica colocar una pequeña etiqueta adhesiva —del tamaño de un lente de contacto— en el ala de cada mariposa. No la daña y permite conocer:
- El lugar donde fue etiquetada
- La distancia recorrida
- El tiempo de viaje
- Variaciones en la ruta migratoria
En México, las mariposas no pueden ser etiquetadas, por lo que el papel de Correo Real y de sus voluntarios se centra en buscar e identificar mariposas marcadas que llegan desde el norte. Los reportes pueden ser realizados por cualquier persona y se pueden enviar a través de correo o redes sociales, acompañados de la foto de la etiqueta de las mariposas.
“Nos llegan a reportar una o dos mariposas por temporada. Cuando son cinco, como este año, es una temporada extraordinaria”, explica Chávez.
Aunque en los santuarios pueden encontrarse decenas, menos del 10% de las mariposas etiquetadas en Estados Unidos son recuperadas en México, por lo que hallar una es, literalmente, como encontrarla.
Además del etiquetado tradicional de papel, este año comenzó un proyecto sin precedentes: 500 mariposas viajan con diminutos transmisores de 60 miligramos, casi el peso de un grano de arroz.
El Proyecto Colaboración Monarca, encabezado por David La Puma y Cellular Tracking Technologies, busca obtener datos en tiempo real sobre velocidad, rutas alternativas, altitud de vuelo y condiciones durante la travesía.
Uno de esos ejemplares, identificado como LPM021, después de 37 días y 2,362 kilómetros recorridos desde Ontario, Canadá, fue detectado el 19 de octubre cerca de la Presa de la Amistad, en Ciudad Acuña, Coahuila.








