La fiesta de Jesucristo Rey del Universo siempre se celebra el último domingo
del Año Litúrgico. El evangelista San Lucas (23,35-43) refiere que Jesús es
condenado por decirse rey. La soberanía se indica en la inscripción colocada
sobre la cruz en la que fue crucificado. La duda y confusión sobre su realeza
surge debido a que aquel que se presenta como salvador no es capaz de
salvarse a sí mismo. Hoy también existe la confusión sobre la realeza de
Jesucristo, pues se cree que su reinado es únicamente espiritual, sin ninguna
relación e implicación con las circunstancias de este mundo.
Al celebrar la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, queda asentado que el
reino de Dios que Cristo proclama es una realidad global, pues nada escapa a
ella. En el reino de Dios no hay oposición entre lo espiritual y lo temporal, entre
lo religioso y lo histórico, entre lo humano y lo divino, entre la fe y la razón. Solo
existe una gran oposición que es entre el poder de dominación y poder de
servicio. Jesús no es un rey como los de este mundo, no utiliza su poder en
beneficio propio. Él enseña que todo poder debe estar al servicio de los
oprimidos, de los pobres, de los desvalidos, de los desaparecidos, de los
vulnerados por la violencia y la inseguridad, para conseguir y construir una
sociedad más justa, solidaria y fraterna cuyo germen es el reino de Dios.
Al celebrar la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, se debe abrir y encender
un fuego sublime en el interior de todo bautizado y ciudadano, para descubrir
que la realeza de Cristo es el camino del servicio desinteresado a los demás.
Sólo sirviendo a los demás, al estilo de Cristo Rey, es como se puede construir
una sociedad llena de justicia y paz, donde no se intente dominar, tiranizar y
reprimir a los más débiles y necesitados del desarrollo integral.
Pbro. Juan Beristain de los Santos
Director
Oficina Comunicación Social
Arquidiócesis de Xalapa
Foto de E-Consulta Veracruz








