La formación juvenil de Ricardo Ahued en esta capital dentro de una familia que tomó el buen trato como divisa y la amabilidad como un alto valor humano, forjó a un político cercano naturalmente al pueblo, respetado y querido. Hoy, el secretario de Gobierno  se enfrenta a la oportunidad de establecer un poder interno y lograr una armonía entre los múltiples y diversos intereses que intervienen en la conformación de ese ente que conocemos como el pueblo jarocho. Es parte de lo que escribe Sergio González en «Cambio Digital».