PIENSO, LUEGO ESCRIBO
DUELO Y CONSUELO
Por Akiles Boy*
El escritor es un tejedor de historias, por el camino que anda, va embolsando vivencias propias y ajenas, para después con las manos en las teclas de un ordenador o dispositivo componer textos, casi todos salidos de la realidad con un poco de magia de la ficción.
La cara de Cipriano se asomó por la ventana, su palidez no dejaba la menor duda, estaba enfermo de depresión. Ernestina, una mujer norteña, robusta y dominante, dos años atrás había muerto de un extraño padecimiento. ¡Por fin!, el pusilánime Cipriano quedó liberado de ese yugo, pero ahora no sabía qué hacer con su divina emancipación. Su solvencia económica estaba resuelta, gracias a una suculenta pensión transferida, sin embargo, se sentía en desgracia, pues añoraba la fuerte presencia y carácter de la difunta.
Su patética orfandad era manifiesta, la delataba su aislamiento y también su marcado y triste abandono. En un reducido tiempo, su vida se había arruinado y requería de pronta ayuda para escapar de la depresión y seguir en este mundo.
Cansado de gimotear en los rincones de su casa, decidió encarar con valentía el presente. Una tarde, acudió al consultorio de una tanatóloga especialista en el duelo. Nunca imaginó que nacería otra ilusión para existir. Después de algunos meses de sesiones, empezó a salir con la psicóloga, estando de por medio, el acuerdo de avanzar despacio y buscar afinidades, coincidencias que los acercaran más. El tiempo haría su parte, lo ayudaría a salir del trance y dejar en el pasado el inmenso dolor causado por la partida de su querida esposa.
Pero siempre en el andar, convergen seres y dramas. Goyo, un ingeniero petrolero jubilado, se reencuentra con Cipriano, su compañero cuando estudiaron la secundaria. ¿Quién lo iba a decir?, que se verían esa noche en una cafetería de una ciudad sureña. Ambos, en una mesa, frente a frente y con una taza de humeante café, porque el invierno lo obligaba.
Fue el encuentro de dos seres solitarios, quizá desesperanzados o al borde de la claudicación por el desaliento. Cipriano, con la carga del duelo que lo imposibilitó un largo periodo para socializar como antaño, cuando vivía en envidiable estado de feliz matrimonio.
La historia de Goyo es otra, también viudo, después de cuarenta años de casado, estaba inconforme con su soledad y buscaba de manera insistente el consuelo. Pero en ese punto, confesó que estaba procesando un desencanto amoroso. Un año antes había sido presa de los influjos de una bella mujer dedicada al estilismo. La conoció cuando tuvo la necesidad de cortarse el cabello. Desde que la vio, se enamoró de su cuerpo que irradiaba sensualidad. Ella lo percibió y quiso de inmediato indagar sobre su vida, que hacía y con quien vivía. Su perfil embonaba a la perfección para la ambiciosa fémina, que ya había elegido a su potencial víctima.
Al final, la vida y el tiempo les enviaría otro mensaje, a los setenta, las hormonas no deben influir en el destino. Son la experiencia y las necesidades emocionales las que pesan a la hora de tomar decisiones. La compañía es una elección, no una imposición o una puerta de escape a la soledad.
Cipriano y Goyo se habrían encontrado, teniendo una condición similar, por obra de la casualidad o sorpresa del destino. Posterior al cruce de historias personales y al intercambio de contactos, en tono de broma, asumieron su situación y decidieron emprender juntos una campaña mediática, para crear una comunidad de hombres solos, aquellos que han aceptado su soledad, pero no renunciado a vivir los últimos años con alegría, activos y productivos. Esa puede ser una tendencia ya inaugurada por grupos de mujeres en los nuevos tiempos.
Un sábado agitado, con un sol mañanero que invita a salir de la madriguera. Mientras en la aldea veracruzana, se acerca el cambio en las alcaldías. Feliz y próspero 2026. Hasta la próxima.
Diciembre 27 de 2025
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.


