En 25 años se instaló a cuatro espías, agentes colaboradores de la CIA, en la presidencia de nuestro país. Los nombres de esos informantes son: Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo. Todos- con excepción de López Portillo- fueron reclutados por el jefe de la central de inteligencia etadounidense, Winston Mackinley Scott, quien se dio a la tarea de seducir a 12 mexicanos, a quienes les prometió, a cambio de sus servicios, el respaldo del imperio de las barras y las estrellas. Eso escribe Ramón Alberto Garza en su libro «Dinastías», Editorial Planeta 2024.. Lo mismo decían de Adolfo Ruiz Cortines.








