Le habló a su alma el emperador filósofo de Roma, Adriano, cuando supo que ese iba a ser el último día de su vida: «Alma muy pequeña, vagabunda y frágil, huésped y compañera de mi cuerpo, ¿a dónde vas ahora? ¿a qué lugares pálidos, duros, ácidos irás? Ya no contarás más chistes». Lo publica Eduardo Galeano en su libro «Espejos». Foto de «Biografías y vidas»








