Hablando de novelas y mafiosos

Marco Aurelio González Gama

Contaba el consagrado autor ítaloamericano Mario Puzo, que antes de escribir El Padrino, el juego, un mal trabajo, la desesperación de mantener la familia (4 hijos) y deudas de miles de dólares lo tenían agobiado. Apenas rebasaba los 46 años y, pese a su empeño, seguía siendo un autor mediano de novelas. Había publicado dos escritos que, pese a ser bien recibidos por los lectores, habían logrado exiguas ventas. Gracias al consejo de su editor, unió a sus recuerdos de infancia en los barrios italianos de NuevaYork, historias y ficciones protagonizadas por mafiosos. De esa idea nació la que después se convertiría en la célebre novela. Contaba Puzo, que hasta antes de esta su vida transcurría entre artículos que escribía por las mañanas para revistas, las tardes las dedicaba a sus hijos y por la noche a apostar. Ese tren de vida, reconocía, sólo lo podía conducir a la bancarrota. En ese inter, Mario se puso a escribir El Padrino, cuyas primeras páginas causaron altas expectativas en su editorial, la cual, sin pensarlo le ofreció un contrato de 400 mil dólares, cifra inusitada hasta ese momento para una novela. Emocionando, llamó a su madre para contarle el contrato que había logrado, cosa que la dejó estupefacta por lo que tuvo que repetir la cifra tres veces porque se obstinaba en entender que se trataba de 40 mil dólares. A la tercera vez, cuando por fin escuchó correctamente, la voz de la madre se puso seria y le dijo: «No le cuentes a nadie». A la mañana siguiente una de sus hermanas llamó al escritor para felicitarlo. «Me dijo mamá que vendiste el libro por 40 mil dólares, te felicito». El escritor después de aclarar el malentendido (tuvo que volver a repetir la cifra tres veces), llamó a su madre para reprocharle el equívoco. La madre le dijo que ella había entendido perfectamente de qué cantidad se trataba pero que era peligroso andar divulgándolo. «Mejor mentir», respondió casi en voz baja como para que nadie la oyera. Lo que siguió después ya todos lo saben.