¡! La Apostólica… !!

 

*El Padre Luis Oropeza, su rudo Director

 

*Coincidiendo con la semana santa en Teocelo

 

*Alumnos… Senén; Manuel y Evaristo Morales, Abel Anell, mi hermano Jorge, Luis Martínez, Daniel Flores, Cruz Pozos, algunos

 

Ayer Domingo de Ramos, suficientes horas para recordar los momentos de estudiantes de primaria, egresando de la Escuela Apostólica de Jesús Sacerdote, ubicada en el famoso e histórico barrio de la Santa Cruz, Teocelo, precisamente en 1960… y así mientras los invitados al cumpleaños de mi sobrino Jorge estaban en sus charlas personales, sonrientes y brindando, con mi hermano Jorge retrocedimos a esos tiempos de devoción completa que duraba una… Semana Santa.

 

Reseñar nuestro paso por esta institución educativa, en donde cursaron la primaria muchos que se convirtieron en personajes políticos en Veracruz y más allá de esta bella entidad, nos llevaría a muchas columnas, citando solamente la intervención de los alumnos de la Apostólica en Semana Santa, guiados por el director del plantel, Luis Oropeza y los dos maestros, – los dos a toda madre – Azompa y el chaparrito Tehuintle, ambos de la Sierra de Zongolica y seminaristas.

 

Bien… días de fatiga, en verdad, ¿ cuáles vacaciones ? desde lunes hasta el domingo de Resurrección, nos pegaban una chinga, disculpen el palabrerío callejero, pero así lo sentimos y debemos manifestarlo.

 

Nuestra gente noble y llena de fe, de Teocelo, debe recordar los días más sobresalientes de la Semana Santa, jueves de lavatorio, en donde empecé a conocer la desigualdad y los consentidos del cura Oropeza, los únicos que recibían el “lavado de pies”, y lo comento porque quienes participaban ya se sentían “santos” y pa´la, quién los aguantaba… la grosería mayor: “que coman su pedo”, “decía Evaristo Morales, “total que yo no quería, tengo “callos y juanetes”.

 

Mis paisanos que estudiaron en la Apostólica, quinto y sexto año, Evaristo, Manuel y Senén Morales Huertas, Abel Anell, Luis Martínez Morales, Daniel Flores Gómez, Cruz Pozos de San Marcos, mi hermano Jorge y yo… calificados por el director padre Oropeza, como “los perros externos” y cuidado cuando no se llegaba a la misa diaria, siete de la mañana… castigo seguro al cual ya nos habíamos acostumbrado.

 

¿ Aprendimos ?

 

Desde luego que aprendimos, lo que es disciplina, orden y respeto, a base de “cocolazos” en nuestras faltas a la misa, pero la enseñanza se impartía adecuadamente, existiendo disciplinas como canto, ajedrez, fútbol, basquetbol, ping pong, música principalmente guitarra y violín, clases por la mañana y por la tarde y para rematar el día, el acostumbrado rosario en donde no estaba permitido sentarse en los propios tobillos… el alumno vigilante se paseaba con su chicote.

 

El asunto, y con esto rematamos el “santo” comentario, la actitud del cura Luis Oropeza, apreciado en la sociedad, entre las organizaciones cristianas, de impecable imagen, incluso, quien con brillante oratoria combinada con devoción, se encargaba de pronunciar las “Siete Palabras” el viernes santo a las tres de la tarde, ante cientos de feligreses que lloraban y secaban sus lágrimas con su negro rebozo, se daban golpes de pecho – quizás por tantos pecados – frente al espontáneo monte de los olivos, en nuestra iglesia de la Asunción de María… ahí con mi vestimenta de “monaguillo” junto con mis compañeros… “ahí está, sacrificado por nuestros pecados”, vean su sufrimiento”, decía el orador.

 

Me decía y me contestaba:

 

“¿ Este es el cura que nos castiga y nos califica como “perros ?

 

La bondad aparecía una vez concluida la Semana Santa y el Domingo de Pascua nos soltaban para presentarnos el lunes y viajar, eso sí, en los autobuses de don Cristo Rodríguez y su hijo el médico Rodríguez, el “Dios Tigre” y el “Carlitos”, con destino a Tlacotalpan, tiempos en que se usaba la “panga” para  cruzar el anchuroso y caudoloso río de Alvarado… fuimos también, en otra fecha, a Santa Ana y su playa a invitación de un alumno, Montero.

 

Años después, muchos años transcurridos desde la primaria, me encontré y saludé al padre Luis Oropeza, de Perote, estaba de párroco en la iglesia de Villa Aldama, acompañábamos al gobernador Rafael Hernández Ochoa, a la inauguración de obras.

 

Su sonrisa, del padre Luis, aún la tengo en mi mente.

 

 

Alfonso Mora Chama

Periodista Mundialista