PIENSO, LUEGO ESCRIBO
LOS MENSAJES DE MARZO
Por Akiles Boy*
Fue una primavera diferente para Isaac. El desaire del tiempo a los pronósticos lo tenía confundido. Los imprevistos cambios de clima ya no sabía, si eran parte de la evolución natural o el resultado de la acción depredadora de la humanidad. Pensativo, pero de buen ánimo, tomó un paraguas y salió del departamento, en un conjunto habitacional de una antigua colonia de la gran ciudad, el ombligo de la nación mexicana.
Abordó un auto que ya lo esperaba frente al edificio donde vivía. Afuera llovía como en agosto y todavía no moría marzo, Por el pavimento mojado, el taxi empezó su recorrido, mientras disfrutaba del paisaje color violeta pintado por los cientos de jacarandas, que anunciaban con júbilo la entrada de la estación más florida.
En una hora estaba en el complejo cultural de la Universidad Nacional. Su clase empezaba en cuestión de diez minutos. Tenía pocos años de haber ingresado como docente de danza, una actividad que le apasionaba, además le daba la oportunidad de crecer en la profesión y establecer conexiones útiles para desarrollarse en ese medio artístico.
Al término de la jornada, el estómago le exigía atención. En metro se transportó a la Plaza Universidad y entró al restaurant de Samborns. El gusto desde niño por los tradicionales molletes lo había llevado. Un café americano le sirvió una linda mujer con vestimenta típica oaxaqueña, mientras esperaba su plato favorito. Afino el oído, en el suave sonido ambiental pudo identificar la melodía Lluvia de Primavera del cantautor argentino nacionalizado mexicano, Bebu Silvetti, lanzada al mercado de la música en 1976.
En un ejercicio de introspección, que eran frecuentes, se detuvo para hacer un repaso de su vida amorosa, relaciones intensas, fugaces, pasionales, pero sin ataduras, de acuerdo a los cánones y estilo de los tiempos que le tocaron. El amor libre, como las mariposas multicolores que aletean sin descanso sobre los árboles.
El clima templado de la estación y su ambiente de renovación y libertad después del encierro invernal, despertaba las reacciones naturales en la vegetación, los animales y también en los seres humanos. La maravilla del renacer, del cambio de ropaje, imposible no verlo o ignorarlo. El verdor, la floración, la salida de los escondrijos de muchas especies que buscan sentir el calor del sol y cumplir el ciclo reproductivo. Ese mismo sentido tiene también la mudanza de las aves migratorias.
La vida de Isaac en los primeros meses del año, en apariencia tranquila, estable, no le latía que fuera a durar mucho. Efectivamente, una sorpresa vendría pronto. Saboreó el último pedazo del mollete que había quedado en el plato de talavera poblana, clásica del restaurant de la silueta del búho. Pagó la cuenta y salió de la plaza para ir a su departamento. En ese enclave personal destacaban sus plantas con follaje renovado y un mueble adornado con cuadros y piezas artesanales, objetos que abrigaban buenos momentos y nostalgias del pasado, de aquello no quería desprenderse.
Esa noche, preparaba su café de siempre, cargado y sin azúcar, cuando vio en su móvil un nuevo mensaje. Esa era la sorpresa, la nota, acompañada por una notificación, la enviaba la directora de la Escuela de Danza donde laboraba. En la información se leía, que su solicitud de una estancia en España, para el perfeccionamiento de técnicas dancísticas, había sido aceptada por la Universidad de Barcelona. Esa noticia Isaac la recibió como el mejor regalo en alguna primavera. Embelesado por la emoción, se dijo, igual que muchas aves en esta temporada migraré, buscando renacer con nuevos bríos y esperanza para los tiempos que vienen.
Abril 6 de 2026
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.



