«Julio Scherer estuvo siempre, desde que empezó su trabajo en «Excélsior», cerca del poder, pero nunca tentado por el poder, ni para ejercerlo ni para aconsejarle. Y mucho menos, cosa fundamental: para aprovecharse de él, ni para lucrar con él. En eso se distinguió de la mayoría de los periodistas de su tiempo. Era muy odiado y muy envidiado. Por su valentía, por sus libros, por sus reportajes, pero sobre todo por su honradez». Lo expresó Enrique Krauze en entrevista con Jorge Carrasco, director, en la revista «Proceso» de esta semana. Foto de la Universidad de Guadalajara.








