PIENSO, LUEGO ESCRIBO
A REINICIARNOS
Por Akiles Boy*
El arte de la política envilecido. En México, el espectáculo de los políticos de la cúpula y los aldeanos, tan precario y grotesco que provoca desaliento y depresión a los ciudadanos. Los escenarios de las riñas y alborotos entre los fariseos de la política, se multiplican y alcanzan el nivel de escándalo público. La ética, la moral, la dignidad, la congruencia, la empatía y el juicio social son letra muerta, importan un carajo. Van tras el poder y el dinero con el mayor cinismo posible.
Lo peor del caso, es que la profunda y grave crisis de credibilidad y prestigio de los políticos, atiza a la descomposición social. La arena política a diario ocupada. En las cámaras legislativas, las plazas públicas, las calles, los medios de comunicación y las redes sociales, los políticos, hombres y mujeres se enfrentan en defensa de sus intereses, primero, y después los del pueblo. Élites, partidos, grupos, tribus, bandas y familias, sin el menor decoro y pudor, se dan hasta con la cubeta con tal de golpear, de exhibir, de denostar y desacreditar al oponente o enemigo.
La turbulencia se intensifica y la polarización crece como la espuma. Un horizonte nebuloso o negro frente a nosotros. Cada día más alejados de la conciliación, el acuerdo y la cohesión. Siguen algunos apostando por la inestabilidad, la convulsión, la descomposición. Sin miedo al desastre que dejaremos, a la nación menos viable para las generaciones venideras.
En el ánimo de la reflexión, de repensar sobe las causas de los conflictos y problemas nacionales, locales y vecinales, sin romantizar o pecar de ingenuo, es sencillo concluir: que es necesario y urgente recuperar y fortalecer los valores de la honestidad y responsabilidad, a partir de los hogares, y después en la escuela y la comunidad. Privilegiar el trabajo en equipo, dejando el liderazgo en las mujeres y hombres con más talento y capacidad. No es utópico, es humanamente posible que vivamos en santa paz y gobernabilidad duraderas
Por otro lado, ya entrados en la tercera década del siglo XXI, se impone apresurar el destierro de prácticas lesivas de nuestra cultura, la simulación, la adulación, el culto a la personalidad. Esa narrativa debiera prohibirse en los discursos de los gobernantes y servidores. Una retórica tan gastada que resulta un fastidio para los públicos y el mismo pueblo. Se reitera, por qué agradecer una obra o una acción del gobernante, cuando es su obligación y se le paga por sus servicios.
Para los beneficiarios del desorden, los pesimistas y los escépticos, ya no hay escapatoria o remedio, queda la resignación y esperar el juicio final. Para los optimistas, sigue habiendo esperanza y los periodos difíciles o de convulsiones son transitorios. Sin embargo, los cambios no se dan de forma espontánea, tienen que generarse y consolidarse. Por eso, hablamos de un esfuerzo por reiniciarnos, como las computadoras, cuando se atoran o bloquean y que impiden continuar las labores. Empecemos por actuar con honestidad, responsabilidad y empatía en cualquier ámbito de nuestra vida. La familia, el trabajo, la colonia y la comunidad. Hasta la próxima.
Abril 15 de 2026
*Miembro de la Red Veracruzana de Comunicadores Independientes, A.C.
*Miembro de la Red de Escritores por el Arte y la Literatura, A.C.

