Winston Churchill vivió junto a su esposa, Clementine, durante más de 56 años. La amó. La amó profundamente, con una intensidad poco común. Fumaba puros en la cama y a veces quemaba la pijama o las sábanas. Bebía alcohol y, para muchos, demasiado, Tenía altibajos, luchaba, caía, y volvía. A Veces era insoportable en sus relaciones con los demás y, en ocasiones, no escuchaba lo que le decían. pero amaba muchísimo a su esposa . Y no podía vivir sin ella, aunque a veces tampoco a ella la escuchara. Clementine encontró una forma sabia de acercarse, eligió no discutir con él sino escribirle mensajes, cartas. En ellas le pedía, con ternura, lo orientaba con delicadeza, lo sostenía y lo ayudaba a tomar las mejores decisiones (que las tomó). Lo escriben en la Casa del Saber y el escrito nos lo envió el Dr. Jaime Orellán. Foto de Richard Langworth.








