El jardinero de la Unidad de Humanidades de la UV se llamaba Chuchito. Era gordito, bajito y chimuelo, una excelente persona, siempre con una sonrisa en el rostro. Cuando se tenía que subir en una escalera a partes difíciles del edificio, le decía yo: -«Don Chuchito, me subo yo, porque si se cae usted  dejará viudas a casi todas las estudiantes de Humanidades». El pegaba la carcajada. Y unas muchachas que eran tremendas me seguían el juego y le decían: -«don Chuchito, piense en nosotras que nos quedaremos viudas». Y más se reía.  Un abrazo hasta el cielo a don Chuchito. Lo platica el gran cantante y compositor Herme Ocaña, quien pide que contraten sus servicios para que se cercioren de «la calidad de la melcocha»,