Jogo bonito
Marco Aurelio González Gama

Ni hablar, vibrante y brillante primer tiempo de México contra Ecuador, como mo dijera el gran Ángel Fernández, «me pongo de pie», un indiscutible 2 a 0 con sendos fierrazos de Julián Quiñones y Raúl Jiménez. Luego, lo de siempre, Inglaterra nos eliminó en el quinto partido 3 a 2 en un juego cardíaco no apto para hipertensos. El que escribe es aficionado ad eternum al fútbol desde la infancia, ad eternum, no obstante, he de decir que antes de mi afición por el balompié, por culpa de mi hermano Armando, el primer entretenimiento de masas que tuve fueron los toros. Tendría a lo mucho ocho años cuando «Nando» me llevaba los domingos por la tarde a casa de Memo Villar —el filósofo— a ver las corridas que pasaban por el canal 2. Se reunían unos cinco amigos taurófilos para ver en los televisores de blanco y negro las faenas de las espadas de aquellos tiempos: Manolo Martínez, Joselito Huerta, Curro Rivera y Eloy Cavazos, por la parte mexicana y figuras españolas de la talla de El Cordobés, Paco Camino y Sebastián Palomo Linares, con el coso de Insurgentes a tope y las inolvidables crónicas de Paco Malgesto, que en realidad se llamaba Francisco Rubiales. Esa fue mi gran primera aficion, pero como uno hace de niño lo que el padre, el boxeo también me atraía. Las peleas de Rubén Olivares eran una locura y mi papá no se las perdía y con él evidentemente yo también. Gran personaje era el folclórico pugilista apodado El púas. Pero llegó 1970 y con él el Mundial de Fútbol en nuestro amado país. Ya les he platicado anteriormente que tuve la fortuna de asistir a un partido de ese gran evento en compañía de mi padre, fue el juego que México venció a Bélgica 1 a 0 con gol de penal del alcón Peña». Ya tenía diez años y fue un momento inolvidable, y de ahí practiqué en la escuela. Como espectáculo de masas no me pude abstraer de su popularidad. Sin duda contribuyó a construir esta afición un libro que, editado en el 70, traía la historia de los mundiales, desde el primero celebrado en Uruguay en 1930, que ganó el seleccionado anfitrión a Argentina. En aquel mundial participaron 8 naciones por la lejanía del país sureño con el resto del mundo, principalmente con Europa. El libro era tan atractivo en su contenido que su lectura me atrapó, era un compendio de historias muy bien contadas, combinadas con memorables fotografías en blanco y negro. Narraba sucesos como el robo de la copa Jules Rimet y la

milagrosa recuperación gracias al olfato de un perro llamado Pickles en 1966, los campeonatos conseguidos por las selecciones de, como ya lo dije, Uruguay en el 30, Italia en el 34, nuevamente Italia en el 38, Uruguay en el 50, Alemania Federal en el 54, Brasil en el 58 y 62 e Inglaterra en el 66. En este relato venía la irrupción del gran Edson Arantes Do Nascimiento, el extraordinario Pelé, de Garrincha y Didí, documentos fotográficos, del bicampeón Italia del 34 y 38; el «Maracanazo» de 1950, cuando los Uruguayos le ganaron a una formidable Brasil, hasta el mundial de Inglaterra en 1966, en el que el equipo local ganó con un polémico gol fantasma, sin dejar de reconocer que los británicos traían un gran seleccionado con los hermanos Bobby y Jackie Charlton, el portero Gordon Banks y Bobby Moore. En fin, el libro era un extraordinario documento que recogía historias de figuras legendarias del fútbol como Lev Yashin de la extinta URSS, Ladislao Kubala de Hungría, del hispano-argentino Alfredo Di Stéfano y el húngaro-español Ferenc Puskás, el italiano Sandro Mazzola, además de presidentes de la FIFA como Sir Stanley Rous y el brasileño Joao Havelange, por mencionar unas cuantas históricas figuras del fútbol mundial. Como dato curioso, en el mundial de 1986 tuve la oportunidad de asistir a un partido de Italia contra de Argentina en Puebla, que venía de ser campeón en el 82, y era un equipo repleto de grandes estrellas, pero aquí lo peculiar es que el consagrado Francesco Rossi, histórico goleador italiano que venía de suplente, estaba muy atento a las acciones del partido fumándose un cigarro muy despreocupadamente. Sin duda el fútbol de hoy es otro en cuanto a la disciplina deportiva de los futbolistas, la muestra más fehaciente lo es Cristiano Ronaldo, un atleta en toda la extensión de la palabra. Y hasta aquí el comentario.