En 2024, el 41.9% de las niñas y niños en primera infancia se encontraba en situación de pobreza y 8.7% en pobreza extrema, de acuerdo con estimaciones del Pacto por la Primera Infancia elaboradas a partir de datos de pobreza multidimensional del Inegi.
Esta situación ocurre precisamente durante una etapa en la que las condiciones de vida, la alimentación, el acceso a servicios de salud, la educación inicial, los cuidados y la protección marcan diferencias en el desarrollo de niñas y niños. Por ello, especialistas, autoridades y organizaciones plantearon que el combate a la pobreza infantil requiere mantener y ampliar la inversión pública destinada a la primera infancia.
Si bien México avanza en este terreno, entre 2018 y 2025 la inversión pública en primera infancia creció más de 40%, mientras que el gasto anual por cada niña y niño aumentó cerca de 50%, en términos reales. Ahora, el desafío es evitar que ese avance sea temporal y construir una trayectoria de inversión gradual, previsible y de largo plazo.
Durante la Jornada Nacional se señaló además que en 2025 los recursos destinados a este grupo representaron 2.53% del gasto público y 0.61% del Producto Interno Bruto (PIB).
Sin embargo, al comparar la inversión de México con la de otros países de América Latina, se observa que aún existe un margen importante para fortalecerla. Por ejemplo, alcanzar un nivel de inversión equivalente al 1.5% del PIB requeriría recursos adicionales cercanos a 313,000 millones de pesos, lo que permitiría ampliar y fortalecer los servicios de salud, nutrición, educación inicial, cuidados y protección social.
El análisis presentado durante la Jornada detalló también cómo se distribuyeron los recursos. Por ejemplo, en 2025 57% de la inversión en primera infancia se destinó a educación, 31% a salud y 11% a protección social.
Ante ello, señalaron autoridades y especialista, el reto principal es que la asignación de recursos responda de manera integral a las necesidades de niñas y niños y no se limite al aumento del presupuesto.
Otros datos relevantes que fueron presentados relevaron que, aunque la pobreza en la primera infancia se redujó de manera sostenida en los últimos años y la pobreza extrema se encuentra por debajo de los niveles de 2018, persiste una tasa de 41.9%, lo que evidencia que los avances no son suficientes para cerrar las brechas.
Destaca por ejemplo, la proporción de niñas y niños menores de seis años en pobreza en Chiapas (79%), cifra casi cinco veces la registrada en Baja California (16.9%). Guerrero y Oaxaca también presentan niveles superiores a 60%.








