Cuentan que un día, Sócrates dialogaba con su esposa Jantipa, quien era conocida por su mal temperamento y carácter explosivo. Ella, enfurecida, le gritaba sin parar, pero minutos después al ver que Sócrates permanecía en silencio, tomó un balde  de agua y se lo vació encima. A lo que el filósofo, todo empapado,  solo dijo: «Después del trueno, viene la lluvia». Nada más. Sin reproches, sin ofensas, sin perder el control. Ese momento resume toda una filosofía: la verdadera fuerza  no está en dominar a otros sino en dominarse a sí mismo. El sabio no limita las tormentas, aprende a no mojarse por dentro. No respondas con ira  a quien solo busca arrastrarte. Respira. Observa. Sonríe. El autocontrol es un superpoder. La nota y foto es  de los Testigos de Mendoza en Facebook.