En Navidad de 1957, durante la cena, Alvaro Carrillo tomaba whisky. Entre trago y trago le daba un dulce beso a su novia y futura esposa, Ana María Incháustegui, Anita le hizo ver a Alvaro que estaba bebiendo mucho. Pero Alvaro optó por servirse otro whisky. Así sorbo tras sorbo y beso tras beso, los reclamos se hicieron presentes, En una de esas, Anita le dijo a Alvaro que de tanto beso ya la estaba emborrachando, que ella sin tomar nada ya tenía en la boca el sabor a whisky. Alvaro, tras una breve pausa, le dijo, «Lo que tienes en la boca no es sabor a whisky, es…. sabor a mí». La nota y foto son de «Historias de otros Tiempos» y nos las envió Daniel Hernández Parra.








