O más gambetas da la vida. ¡Caray!, lo que son las cosas, el astro argentino de fútbol había estado driblando a la muerte, ahora sí que materialmente, desde hace como treinta años, pero como siempre sucede, el Pelusa terminó pelándole los dientes a la muerte. Con ella no se puede jugar, es lo único seguro en la vida. Tarde o temprano se nos aparece de manera improvista o dando algunas señales previas. A veces las ignoramos insensatamente o nos damos por no aludidos, al final, como quiera nos la vamos a encontrar. No nos podemos permitir jugar a las vencidas con doña parca, siempre termina venciéndonos. Y así pasó con Diego, por más que los hinchas argentinos desproporcionalmente se atrevieron a compararlo con Dios. D10s así solían aludir al legendario futbolista, pero una cosa fue él con un balón a sus pies en donde desplegó su genio y sus enormes virtudes futbolísticas por las más importantes canchas del orbe y otra cosa fue el Diego Armando hombre. Una moneda de dos caras, de la parte sombreada, oscura vamos, se concentraron en su persona las más bajas pasiones e instintos que lo llevaron a vivir un infierno que alcanzó a toda su vida personal, al mundo que lo rodeaba hasta casi hacer de él una piltrafa humana. Su vida fue la síntesis de un viaje infortunado que lo llevó de la gloria celestial al infierno. Ahí quedan sus maravillosos lances futbolísticos, su gambeta, su fantástico dribling y el arrojo que mostraba en la cancha para enfrentar a los rivales… en fin, todas las enormes virtudes y la magia que era capaz de  hacer cuando tenía un esférico en las piernas. Hasta para vivir la vida hay que aprender y, por lo visto Diego no aprendió o no tuvo tiempo de aprender a vivir la vida como él se la merecía para ser feliz. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal. Foto de Wikipedia.        

1) "El mejor homenaje que se puede tributar a las personas buenas es imitarlas": Concepción Arenal. 2) "El bien y el mal no van por el mismo camino; el hielo y el carbón no caben en la misma estufa": Refrán chino. 3) "Es bueno ser bueno, pero es mejor serlo y parecerlo": Royo Martin. 4) "No debemos considerarnos dichosos cuando logramos alejar el mal, sino cuando logramos cumplir un bien: Marco Tulio Cicerón. 5) "No todos los hombres pueden ser ilustres, pero todos pueden ser buenos": Confucio. 6) "Sed bueno y dejad el resto al cielo": Combe. 7) "Nada hay que refresque mejor la sangre como una buena acción": Jean de la Brúyere. Tomado del portal "Pensamientos".

    Sigo postergando las historias de mi fugaz estancia en Perote, pero ahora que desgraciadamente falleció Sean Connery, recordaba, cómo, dentro de ese conocimiento (inútil) que va uno acumulando con el paso de los años –que no necesariamente es cultura, ojo-, me fui volviendo un fanático de la música, digamos que de las bandas sonoras y de lo que se llama el tema de amor (o principal) de la saga de las películas del más célebre agente secreto del mundo al que todos conocemos como James Bond. Es así que me aficioné a todos sus gadgets, autos (desde los Aston Martin, pasando por el Mustang Match 1 hasta el impactante auto submarino), su elegante forma de vestir y de seducir a las damas –cosa que me hacía ver como un wannabe extremadamente ingenuo-, de los escenarios de sus películas, que eran como paisajes de ensueño hasta sus temas musicales que salían al principio de las películas enmarcando la famosa escena en donde el agente va caminado y de repente gira para disparar a un imaginario y amenazante blanco que de inmediato se tiñe de rojo. Toda la música es inolvidable, desde el clásico tema del Agente 007 que dio inicio a la saga con el satánico Dr, No,  usted lo recordará, el del solo de requinto. O cómo olvidar las interpretaciones, dos, de ese portento de cantante que es Shirley Basey. Su voz enmarcó a ‘Goldfinger’ (1974) y a ‘Diamonds are Forever’ (1974), pero además la galesa en su juventud era una mujer impresionantemente bella, hoy a sus 83 años sigue siéndolo y conservando esa potente voz. Y después vendrían otras como ‘Thunderball’ (1965) con Tom Jones, ‘Skyfall’ (2012) con ese dulce llamado Adele; ‘Writing’s on the Wall (2015) interpretada por el cantante británico Sam Smith. Estos dos temas se llevaron en sus respectivos años los premios Oscar y el Golden Globe. Por último mencionaría a ‘Vive y deja morir’ (Live and Let Die, 1973), escrita e interpretada por Paul McCartney y su banda (Wings). Uff, recordar es vivir. ¿Habrá alguien que no sea fan de estas canciones? Foto de "Pinterest". Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

Una de las cosas que debo agradecer a mis 60 años, para bien o para mal –para mal también aunque no lo crean, qué paradojas-, es que la vida me dio la oportunidad de tener una formación integral. Vamos, para que me entiendan, de que al lado de la educación formal propiamente dicha, también recibí una educación de vida. Y esa educación empieza a recibirla uno desde que nace, en el seno familiar. Mi madre y mi padre fueron mis primeros maestros. De la primera, por esa inteligencia emocional tan propia de las mujeres nacidas a principios del siglo pasado, en muchos sentidos hechas a sí mismas, infaltables en la casa; del segundo, por su sabiduría e inteligencia innata, mi padre era un “viejo lobo de mar”, hasta para los juegos de azar. Pero por otra parte está la educación espiritual –en la cual también estuvo involucrada mi madre-, en donde la más cercana al corazón de mis tías maternas (tan llena de vida a su casi centena de años), me enseñó esa parte que todos los seres humanos debiéramos tener, y que consistió en nada más y nada menos aprender, comprender y asimilar el misal católico romano cuando siendo un infante iba de su mano a escuchar la misa en la hoy Catedral de mi pueblo. De ella recibí lo más valioso de la liturgia, de sus tres momentos fundamentales, a escuchar con atención el sermón de la palabra (de Jesús), y cuánto era lo que tenía que responder como fiel católico en esa ceremonia. Ya voy poco a misa, solo en ocasiones muy especiales. Eso sí, hago mucha contrición, no precisamente como un acto de arrepentimiento –que también lo hay-, sino como una reflexión hacia mi yo interno, del por qué nos pasan estas cosas tan terribles como las que estamos viviendo. Acostumbro decir plegarias. Hoy más que nunca me acuerdo de “Dulce madre”, no para mí, sino para todo el mundo. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

Aunque parezca, no se trata de un tema menor. Es que acaso se han preguntado alguna vez cómo le hace para sobrevivir un mexicano en suelo extranjero, por ejemplo, New York, la ‘Gran Manzana’, en medio de la modernidad más absorbente, más asfixiante, de un modo de vida acelerado y trémulo, con un idioma ajeno, que desconoce, que no habla y con una calidad migratoria irregular. Y es que en New York, por ejemplo, la también llamada ‘capital mundial’, vive una comunidad importante de poblanos de origen otomí y mixteco, que apenas medio hablan el español, a los que les ha costado mucho sobrevivir en un ambiente totalmente ajeno y en muchos casos hasta hostil, en donde el choque cultural y sociológico ha sido inevitable, y la lucha por la supervivencia ha sido difícil, bueno pues hace poco, el periodista León Krauze entrevistó a algunos mexicanos radicados allá y se sorprendió al saber que alguien que les ha permitido sobrevivir a las condiciones más severas de aquel lado, el que les ha inyectado la fuerza y el valor suficiente para aguantar y no quebrarse ante la lejanía del terruño, de la familia y de las costumbres ha sido Vicente ‘Chente’ Fernández. Escucharlo entonar ‘El rey’, ‘Urge’, ‘Mujeres divinas’ y todo el amplio repertorio de canciones del hijo predilecto de Huentitlán, Jal., ha sido el bálsamo que los ha reanimado a tal grado que cuando muchos han estado al punto del desfallecimiento, el solo escucharlo entonar con tanto sentimiento la música mexicana como lo hace Vicente, ha sido como volver imaginariamente a la tierra que los vio nacer para continuar adelante. Alguna vez un estudioso deberá hacer un análisis con todo el rigor científico y sociológico del papel que ha jugado la música de ‘Chente’ en el fervor nacional de los mexicanos. Vamos a extrañar al gran ‘Chente’, ante su retiro definitivo de los escenarios. Lo escribíó Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

1) Dale a cada día la posibilidad de ser el mejor día de tu vida. 2)) El corazón de una madre es la escuela del niño (Henry Ward). 3) Los aspectos más importantes de la vida no son cosas, son momentos, emociones, recuerdos, lecciones. 4) No hay mejor remedio para la tristeza que el amor y una sonrisa. 5) Mi vida no es perfecta, pero tiene memorias maravillosas. 6) La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos. 7) Para cambiar tu vida, primero tienes que cambiar tus prioridades. 8) No malgastes tu tiempo que de esa materia está formada la vida (Benjamín Franklin). 9) La sonrisa es la distancia más corta entre dos personas. 10) La suerte para triunfar en la vida se llama "creer en ti".

A la que pasa. "La avenida estridente en torno de mí aullaba.. Alta, esbelta, de luto, en pena majestuosa.. Pasó aquella muchacha, con su mano fastuosa.. Casi apartó las puntas del velo que llevaba... Agil y ennoblecida por sus piernas de diosa.. Me hizo beber crispado, en un gesto demente.. En sus ojos el cielo y el huracán latente.. El dulzor que fascina y el placer que destroza... Relámpago en tinieblas, fugitiva belleza.. Por tu brusca mirada me siento renacido.. ¿Volveré acaso a verte? ¿Serás eterno olvido?... ¿Jamás, lejos, mañana? pregunto con tristeza.. Nunca estaremos juntos. Ignoro a dónde irías.. Sé que te hubiera amado. Tú también lo sabes". El vino de los amantes. ¡Hoy es espléndido el espacio!.. Sin freno, ni espuelas, ni brida.. Partamos a lomos del vino.. hacia un cielo divino y mágico... Cual dos ángeles torturados.. por implacable calentura.. En el cristal azul del alba.. sigamos tras el espejismo... Balanceándonos sobre el ala.. del torbellino inteligente.. En un delirio paralelo... Hermana, navegando juntos.. Huiremos sin reposo o tregua.. Al paraíso de mis sueños".

En la arena.. El desapercibido hurgar del viento, la parda pesadumbre de los pelícanos, un ejército de temerosos cangrejos azules escarbando húmedas guaridas; las oxidadas ruedas de la carretilla del anciano vendedor de cocos, las huellas de los pálidos bañistas amanecidos que ebrios cantan, el balón de fútbol que ara un recto surco hacia la alegría de los niños que corren descalzos; las finas huellas diminutas de extraviadas gaviotas, una jauría de canes persiguiendo a una hirviente perra temblorosa, los cascos de una manada de errabundos caballos grises; los pies heridos de los pescadores que regresan a Tierra y que arrastran entre sus redes peces asfixiados, vivas caracolas y marinas estrellas; el inesperado reflujo de las olas, las saladas espumas blanquecinas; todos ellos, lentamente, sin que nadie lo note, van borrando: Nuestros nombres, el corazón partido, la cruenta flecha traspasando el rojo vacío y la gota de sangre, que dibujamos en la arena. Foto de Víctor León,

   Cuando la tormenta pase, /y se amansen los caminos, / y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo. / Con el corazón lloroso y el destino bendecido, / nos sentiremos dichosos tan solo por estar vivos. / Y le daremos un abrazo al primer desconocido y alabaremos la suerte de conservar un amigo… ¡Diantres, qué poema tan hermoso del cubano Alexis Valdez!,  recordaba –caray, qué sería de nosotros si no tuviéramos la capacidad de recordar-, más bien he hecho un repaso de toda mi vida. Han sido muchas noches de dar de vueltas en la cama y de recordar hasta lo irrecordable. De los ausentes y los presentes, a mis padres, tíos, hermanos, a mis amigos, porque qué sería de la vida sin ellos, y de los maestros, también de la vida, que me han enseñado todo lo que sé. Esta cuarentena me ha hecho volver la mirada hacia atrás y hurgar hacia mis adentros, los pensamientos revolotean como aves desaforadas en mi cabeza. Extraño al mundo, y no porque sea el gran viajero, lo extraño porque en este mundo tan conectado de repente el tiempo se detuvo, tuvimos que hacer un alto en el camino de la vida. La imagen que acompaña a este Carrusel sucedió no hace mucho, en uno de los portales de mi pueblo, tan llenos de vida, tan llenos de gente y hoy lucen desolados. Un abrazo a, de izquierda a derecha Pepe Valledor, el que escribe, Javier Fernández Perroni, Anuar Sáinz Yunes, Sabás Flores Mora, el ‘Mulato de Córdoba’ José Domingo Setién Fernández, José Antonio y Jesús Fernández Perroni, y Jorge Sánchez Jácome. … Cuando la tormenta pase te pido Dios, apenado, / que nos devuelvas mejores, como nos habías soñado. La foto fue tomada un domingo cualquiera en el café de ‘El Nevelandia’ de la ciudad de Córdoba, Ver. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.    

"En este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de un amor y la compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer papas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila. También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No dejar de sorprenderme de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera por aquí. Sólo quiero eso". Lo escribió Angeles Caso y lo subió Alfredo Fernández Arriola al Facebook. Foto de "Diario Público".