No hay nada como prepararse alguna bebida con un cierto grado de alcohol para disfrutar un buen domingo en familia. Sobre todo en estos días de bastantito calor, en donde una buena bebida, en la intimidad del hogar, viendo la programación televisiva, sobre todo la de deportes que está muy interesante previo a la celebración de las olimpiadas -5 días más y empieza el gran banquete deportivo-, leyendo algún buen libro, revista, periódico o visitando su portal favorito que, no por nada, espero que sea Crónica del Poder, la cosa es que hay una gran variedad de bebidas que usted mismo puede preparar en su casa, ahí les van algunos que con frecuencia preparo en mi casa que también es la casa de todos ustedes: empecemos con los más fáciles, por ejemplo el ‘calimocho’, que lo único que necesita es un vino tinto de regular calidad, refresco de cola –la Zero es muy conveniente y además no contiene azúcar- y unos dos cubos de hielo. El siguiente, recomendación de Laureano Martínez Sánchez, de hecho en su negocio fue la primera vez que la probé, me refiero a la ‘Clarita’, que es una cerveza clara bien fría mezclada con refresco de limón, preferentemente el que lleva agua mineral, sin hielo, simplemente las dos cosas bien frías. La tercera, ‘tinto de verano’, muy de moda, digamos que muy chic, que nada más lleva un tinto de regular calidad –busque usted uno español que se llama Don Simón, que vale alrededor de 30 pesos- mezclado en proporciones iguales con gaseosa de limón –puede ser tipo Sprite, pero yo prefiero el que lleva una porción de jugo y agua mineral-, y sugiero agregarle una rodaja de naranja con cáscara, y hay quien le agrega una copita de vermouth. La cuarta opción es una sangría, que se hace con limonada mineralizada y una medida de tinto, esta bebida sí lleva hielo. La quinta, el rey, el Bloody Mary. Lo prefiero con tequila blanco, y ya sabe, póngale jugo de limón, pimienta, sazonador, bastante picante, Tabasco o Valentina y antes escarche el vaso, recomiendo hacerlo con chile en polvo Catarinos y al final agréguele sal de apio, bastante para que sepa, y sírvalo con dos o tres de hielo. El sexto, clericot, que lo puede hacer tinto blanco, azúcar y bastante fruta picada –manzana, melón, durazno y pera en almíbar-, con mucho hielo, preferentemente troceado. El siguiente, la chelada y la michelada, que ya sabe usted lo que llevan, o que en lo particular recomiendo es que las hagan con cerveza oscura. Finalmente están la ‘paloma’, un buen vermouth, Campari o Dubonnet en las rocas, y finalmente el ‘margarita’, que no es mi preferido pero que se ha convertido en una bebida muy demandada en los Estados Unidos, de la cual hablaremos después. Bon Appètit. Lo escribe Marco Aurelio González gama, directivo de este Portal.  

En mi infancia escuché hablar y leí mucho de él, su nombre resonaba con orgullo en las mesas del comedor familiar de mi casa, mi padre sentía una profunda admiración por este hombre, que a mediados del siglo pasado era el más importante clavadista del mundo, un dominador de las pruebas de plataforma de 10 metros y del trampolín de 3, y me estoy refiriendo concretamente a Joaquín Capilla Pérez, el mexicano que más medallas le ha dado a nuestro país en las diferentes justas deportivas mundiales en las que participó: nueve medallas de oro, una de plata y dos de bronce (12 en total), en tres Juegos Olímpicos (Londres 1948, Helsinki 1952 y Melbourne 1956), dos Panamericanos (Buenos Aires 1951 y México 1955) y dos Centroamericanos (Guatemala 1950 y México 1954). Joaquín Capilla fue un héroe nacional, ha sido el mexicano que más medallas ha ganado en tres Olimpiadas consecutivas, si en los de Río de Janeiro la sinaloense María del Rosario Espinoza gana una medalla, cualquiera que sea, compartirá ese honor junto a Capilla. La taekwondoin nacida en Guasave ya ganó oro en Beijing 2008 y bronce en Londres 2012, falta Río 2016, espero se cumpla el pronóstico y Charo se traiga aunque sea una de plata. Así pues, lamentablemente Joaquín Capilla murió si no en la pobreza absoluta, sí en unas condiciones paupérrimas en lo económico, no se merecía ese final un hombre de su estatura que tantas satisfacciones le dio a nuestro país, si en México hubiera un salón de la fama para consagrar el legado deportivo como el que nos legó Capilla, seguramente su nombre ocuparía un lugar de privilegio entre nuestros grandes héroes de todos los tiempos. ¡Viva Joaquín Capilla, un héroe deportivo indiscutible de México! Lo comenta Marco Aurelio Gonzàlez Gama, directivo de este Portal.

México ha participado en Juegos Olímpicos desde la segunda edición de París 1900. No participó en las ediciones de San Luis 1904, Londres 1908, Estocolmo 1912 y Amberes 1920, pero hemos tenido representación ininterrumpida desde París 1924 hasta la justa de Río de Janeiro 2016. En todo este tiempo México acumula 13 medallas de oro, 21 de plata y 28 de bronce para un total de 62 medallas. Como hechos relevantes de la participación de los atletas nacionales en justas olímpicas destacaría lo siguiente: 1. En Londres 1948, Humberto Mariles y Rubén Uriza hacen el 1-2 en equitación, en la competencia de salto individual, llevándose el oro y la plata, a su vez Mariles consiguió otro oro por salto por equipos al lado de Alberto Valdés; 2. Joaquín Capilla, 4 medallas: En Londres 1948, bronce en plataforma de 10 metros; Helsinki 1952, plata en plataforma de 10 metros; Melbourne 1956, oro en plataforma de 10 metros y un bronce en trampolín; 3. Felipe Muñoz, una medalla de oro: México 1968, 200 metros pecho; 4. Ricardo Delgado, una medalla de oro: México 1968, peso mosca; 5. Antonio Roldán, una medalla de oro: México 1968, peso pluma; 6. Daniel Bautista, una medalla de oro: Montreal 1976, caminata de 20 kilómetros; 7. Ernesto Canto, una medalla de oro: Los Angeles 1984, caminata de 20 kilómetros; Raúl González, una medalla de oro: Los Angeles 1984, caminata de 50 kilómetros; Soraya Jiménez, una medalla de oro: Sidney 2000, halterofilia; María del Rosario Espinoza, una medalla de oro: Pekín 2008, Taekwondo; Guillermo Pérez, una medalla de oro: Pekín 2008, Taekwondo, y selección nacional de fútbol, medalla de oro: Londres 2012, fútbol olímpico. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

  Ya no me acordaba de este pasaje olímpico casi heroico, me lo recordó José Bernardo Martínez de los Reyes González, les platico. En México 68 en la prueba de maratón, que es como la prueba reina de los juegos olímpicos, ya sabe usted, una carrera con tintes de heroicidad que nos viene de las ‘guerras médicas’ que escenificaron hace muchos años, más o menos quinientos años antes de que Cristo, los griegos y los persas. Son 42 kilómetros con 195 metros -¡una distancia bárbara!- los que tienen que recorrer los competidores, bueno pues en el 68 había un claro favorito, el etíope Abebe Bikila, que venía de ganar las pruebas de Roma 60 y Tokio 64, de las cuales cuando menos una de ellas la ganó corriendo descalzo. En México todos esperaban que esa leyenda deportiva refrendara su dominio sobre la prueba, pero ese día corrió lesionado, traía una fractura en uno de sus pies, aun así le alcanzó para encabezar la prueba en sus primeros kilómetros, finalmente ya no pudo más y tuvo que abandonar la competencia. Al final otro etíope se alzó con la victoria: Maammo Wolde, pero eso no fue lo más notable sin dejar de serlo, la noticia la dio el tanzano John Stephen Akhwari, quien Akhwari llegó al estadio universitario una hora después del primer lugar, la ceremonia de clausura ya había concluido, pero por el sonido local se pidió a los asistentes que aún seguían en las gradas que no se movieran de sus asientos pues iba a llegar un maratonista que no había concluido la prueba. Akhwari finalmente entro al estadio como pudo, visiblemente lesionado, a duras penas completó los últimos 400 metros de la prueba y cruzó la meta desplomándose enseguida, su tiempo fue de 3 horas 25 minutos con 17 segundos. Al final el tanzanés dijo que nunca se rindió porque “Mi país no me envió 10,000 millas para comenzar una carrera; me envió 10,000 millas para terminarla”. ¡Notable! Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.  

  Hacemos una pausa en la serie de ‘entremeses olímpicos’ que hemos venido publicando a propósito de los muy cercanos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, para comentar el proyecto para producir energía eléctrica a partir de la basura en el que viene trabajando el ayuntamiento de Xalapa, proyecto anunciado esta semana por el alcalde Américo Zúñiga Martínez, conjuntamente con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a través de la muy plausible iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles (ICES). Y es que, hay que subrayar el contraste, la actividad en Xalapa no para. De lo reciente hay que destacar la recuperación del IMAC (Iniciativa Municipal de Arte y Cultura), espacio con más de 30 años de construido y nunca había funcionado para los fines que fue edificado ahí en la entrada a la zona de Coapexpan, recomiendo visitarlo para dimensionar la obra. En la pasada edición del festival de jazz de Xalapa fue puesto nuevamente en funcionamiento como una de las sedes del encuentro jazzístico. También la repavimentación de la avenida Orizaba, ya con un importante avance; asimismo, se dio el banderazo para la construcción de un colector pluvial que va a beneficiar a más de 70 colonias, y está andando la primera parte de la reconstrucción con pavimento estampado de la calle de Zaragoza, con rehabilitación del drenaje. Pero decía que lo que hay que subrayar es el proyecto para la construcción de un biodigestor anaerobio, que le va a permitir a Xalapa transformar los desechos orgánicos que genera la población en energía eléctrica limpia. Para darse una idea de lo que esto significa, revisaba una experiencia similar, el caso de la comunidad autónoma de Madrid, que ya está generando electricidad a partir de la basura que actualmente dota de energía a cerca de ¡28 mil hogares anualmente! Con este tipo de acciones, Xalapa se pone como ejemplo en políticas públicas de sustentabilidad. Felicidades y mañana continuamos con los ‘entremeses olímpicos’, en donde recuperaremos la historia del maratón del 68 y algo inolvidable que pasó en él. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

No me gusta vivir del pasado, pero me gusta recordar, lo bueno y lo malo, pero sobre todo lo primero. El día que me olvide del pasado seguramente ya no estaré presente. De la olimpiada del 68, por ser un acontecimiento extraordinario en la vida de este país, me acuerdo de muchas cosas que guardo celosamente en mi memoria, desde el día que Enriqueta Basilio encendió el pebetero olímpico, hasta a los cadetes de los heroicos Colegio Militar y de la Escuela Naval Militar desfilando, una con el Lábaro Patrio extendido y, la otra, con la bandera del Comité Olímpico Internacional, marciales los cadetes, como debía ser, desfilando orgullosos, ¡las fanfarrias!, compuestas por Carlos Jiménez Mabarak, ¡cómo olvidar esas cosas!, pero hubo una competencia atlética en donde se impuso un récord mundial que, en su momento, fue considerado imbatible, y de hecho así fue por más de veinte y tantos años. Se trataba del récord que impuso el estadounidense Bob Beamon en la prueba de salto largo, el hombre saltó la bárbara distancia de 8.90 metros, más del frente de un lote de interés social que es de 7.50 m., o sea la distancia de, más o menos cuatro coches estacionados en batería, uno al lado del otro. Fue hasta 1991 cuando otro norteamericano, Mike Powell, derribó el récord de Beamon en el campeonato mundial de atletismo de Tokio, Japón, con un nuevo WR de 8.95 m., techo que, por supuesto sigue vigente hasta nuestros días. Les dejamos para que recuerden las ’fanfarrías’ de México 68 del maestro Jiménez Mabarak: https://www.youtube.com/watch?v=KbnZpuQXCDA Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

  Aparentemente ha pasado inadvertida la fecha hasta ahora, pero en dos años se estarán conmemorando el cincuenta aniversario del 68, año crucial y convulso en la historia de México. Por una parte se conmemorara el movimiento estudiantil que tuvo su momento culminante el 2 de octubre de ese año y la XIX Olimpiada México 1968 que, según recuerdo, fueron catalogados como los “juegos de la paz y de la amistad”. Del movimiento estudiantil, me referiré a él en otra ocasión posterior, ya lo he hecho en Carrusel y en la columna, pero ese hecho, por sí solo merece referirse a él de manera más amplia y detallada. Estando muy próximos la olimpiada de Río de Janeiro, tocaré el tema de la iconografía tan destacada que se utilizó para enmarcar gráficamente la olimpiada del 68. Subrayo lo de ‘destacado’ del diseño gráfico de los símbolos, que aún hoy a casi 50 años de la justa, sus símbolos siguen vigentes. Por ejemplo, en la nomenclatura (logotipos) de las estaciones del metro de la CdMx, siguen utilizando los mismos patrones de los diseños que creó el estadounidense Lance Wyman para dar identidad tanto al logotipo principal de México68, como a los de cada disciplina deportiva. En este sentido, todos los logos en particular están dispuestos en un cuadrado de esquinas redondeadas, a manera de los nichos de los cráneos grabados de Monte Albán, cual sellos de tinta esculpidos en piedra. Por otra parte, Wyman también se basó en los diseños y el multicolor del arte huichol (Nayarit), tan presente en la paloma de la paz, por ejemplo, y en el ‘optical art’, que es un estilo gráfico inspirado en el uso de ilusiones ópticas, es decir, los diseños producen efectos ópticos según se mueva la persona que las está observando. La iconografía de México68 perdura hasta nuestros días, y me atrevería a decir que ninguna otra de las olimpiadas posteriores sigue vigente hasta nuestros días.  Lo escribe Marco Aurelio Gonzàlez Gama, directivo de este Portal.  

  Tenía que ser en el mes de julio –normalmente las grandes cosas pasan en ese mes, no sé por qué-. Fue un 18 de julio de 1976 cuando los Juegos Olímpicos de la era moderna, en Montreal, Canadá, supieron lo que era un 10 de calificación en una competencia que exige para lograr tal hazaña la perfección y punto. ¿Quién había logrado esa hazaña del deporte mundial?, la pequeña Nadia Elena Comaneci, rumana de nacimiento. ¡Qué historias!, me gustan las historias inspiradoras y la de Nadia es una de ellas. Ese día, después de su breve –poco menos de 20 segundos- pero impecable ejercicio en las barras asimétricas, el tablero electrónico del gimnasio olímpico de Montreal no estaba preparado para registrar el 10 y tuvieron que poner 1.00 al lado del número que portaba en su espalda, el 73. En principio privó el desconcierto ¿1.00?, ¿Qué clase de calificación era esa?, enseguida se supo que en realidad era 10.00, los tableros lo más que podían anotar era tres dígitos, cuando mucho el casi perfecto 9.99, pero no el 10.00. En total la diminuta atleta consiguió en aquella histórica olimpiada, cinco medallas, con el máximo puntaje en otras seis ocasiones, tres medallas de oro, una de plata y una de bronce. Años después huiría de su país gobernado por el dictador Nicolás Ceausescu, que años más tarde sería derrocado por una rebelión popular, condenado finalmente por un tribunal militar a morir ejecutado junto con su esposa Elena por la vía del fusilamiento. Historias de éxito de una atleta como Nadia, producto de una dictadura comunista atroz a la que se le adjudican más de 60 mil muertes de enemigos del régimen, pero nadie como Nadia. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal  

  Aún tengo fresco en la memoria la ceremonia de clausura que aquella noche del 27 de octubre de 1968 conducían en televisión en directo y a todo lo que daba el blanco y negro, el siempre elegante León Michel –que hasta diputado federal del PRI fue- y el orizabeño Jorge Labardini, ambos ya fallecidos, el primero con su inconfundible bigotito tipo Sir Alex Raleigh y, el segundo, con sus características gafas de pasta nada discretas. Fue una ceremonia bastante emotiva, tanto que en su narración Labardini no pudo contener las lágrimas de la emoción. Recuerdo a las delegaciones de los países desfilando, bailando y festejando con sus jorongos y sombreros de charro, con las ‘Golondrinas’ de fondo entonadas por el Mariachi Vargas de Tecalitlán, los juegos piroténicos a tope y un gran tablero eléctrico que decía Múnich 1972. ¡Uf!, fueron las XIX Olimpiadas de la era moderna del movimiento, las de Río de Janeiro que darán inicio el próximo viernes 5 de agosto serán las XXXI de la historia, 22 juegos después de los nuestros ¡48 años!, han pasado desde entonces. La verdad qué orgullo, porque este país, con todos los problemas que tiene, no me cansaré de recalcarlo, fue el primero de Iberoamérica en organizar unos juegos, además muy exitosos, y tuvieron que pasar 24 años más para que otra ciudad hispana realizara otras competencias olímpicas, Barcelona 1992 (XXV). De la olimpiada del 68 sobreviven el estadio de CU, el Palacio de los Deportes, la alberca olímpica, el velódromo olímpico y el recuerdo de la medalla de oro de Felipe ‘el Tibio Muñoz, la heroica medalla de plata lograda a punto de desfallecer de José Pedraza Zuñiga, recordado como ‘el Sargento’, y la medalla de bronce en 800 mts., estilo libre de Maritere Ramírez. Nos quedan también para el recuerdo del México 68 la imagen del saltador Bob Beamon imponiendo el fabuloso récord de 8.90 mts., una barbaridad para ese entonces, y la boda de la gimnasta checoeslovaca Vera Cáslavská en la Catedral de México, con el pueblo volcado celebrando con la campeona olímpica. Suerte a Río de Janeiro. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.

  Hace unos días experimenté en carne propia lo que es la brecha generacional. Dos de mis hijos, el mayor y el de en medio (Ulises y Marco Emiliano), pertenecen a la generación ‘millenials’ (nacieron entre 1981 y 1995), total que me fui al cine con ellos y ante la falta de mejores opciones nos metimos a ver ‘Dos tipos peligrosos’ (The Nice Guys, 2016), película protagonizada por los consagrados Russell Crow, Ryan Gosling, Kim Basinger y una revelación en la quinceañera Angourie Rice. De los tres primeros ya poco se puede decir, son artistas con una trayectoria consistente, de la Rice, no la conocía pero ha sido toda una revelación, a lo mejor es prematuro adelantarlo, pero en la próxima entrega de premios podría hacerse merecedora a alguno. Pero por qué lo de la brecha generacional, miren, qué difícil es dibujar a la generación ‘millenial’ que hace apenas un instante de años, o sea hace 40, hubo un mundo increíble para ellos, como el que el director Shane Black describe magistralmente en The Nice Guys. Un servidor ya lo había experimentado en clases universitarias, y es qué, ¡caray!, es más fácil hablar del siglo pasado y platicarles a los chavos de hoy que entre otros sucesos históricos importantes hubo dos grandes revoluciones, dos guerras mundiales, un mundo que en una época fue bipolar; de las guerras de Corea y Vietnam, que el hombre pisó la Luna y que se derrumbó un sistema político, económico y social denominado comunismo después de que se pretendió imponer la dictadura del proletariado en una parte del mundo y, por el contrario, qué difícil es hablarles de ese pasado próximo inmediato en donde no había ninguna restricción para fumar en ninguna parte, a todas horas y sin importar que fueran espacios abiertos o cerrados, o del incipiente mundo de lo que posteriormente se convertiría en la poderosísima industria del cine porno que es hoy, un mundo sin convertidores catalíticos, en donde la contaminación ambiental y el desarrollo sustentable no nos preocupaban en lo más mínimo. Porque así es ese mundo que dibuja Black en ese Los Ángeles de finales de los años 70, una realidad inconcebible para las generaciones de hoy que nacieron con un Smartphone bajo el brazo. Hay que verla, es una comedia con momentos divertidos, nostálgica que nos hace recordar que alguna vez hicimos un escrito en una máquina Olivetti Lettera 25, totalmente mecánica, de carrete bicolor. ¡Uf!  Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.  
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