Me parece que estás abusando de las vitaminas, me dijo el interlocutor misterioso frente a un lechero humeante en La Parroquia. No sé si de eso se pueda abusar, tomo tantas vitaminas como considero prudentes y en ningún momento he llegado a tener superpoderes, le dije. No es eso, es que tanta vitamina puede hacer que bla, bla, bla… escuché sólo las olas del mar y engullí, una tras otra en estricto orden de voluminosidad, mi Pharmaton, la vitamina E, el Omega, el Ginseng y el Cialis (es viernes y quien quita, tal vez tenga suerte). Llegó a la mesa mi amigo Edgar Hernández, quien tuvo la decencia de no asombrarse del número de pastillas que como boa constrictor iba devorando, y en pleno acto de solidaridad periodística también sacó su respectivo estuche (la servilleta menos arrugada que encontró) y me mostró sus medicinas. ¿Ya ves? Le dije al interlocutor misterioso, para eso tomo vitaminas, para no tener que tomar después tantas medicinas.

De lo que sí abusamos fue de la plática que poco a poco se fue poniendo de nivel filosófico. Llegó el cuarto invitado, mi amigo Ezequiel Castañeda quien por la tarde partía hacia el norte, y ya formado el cuarteto comenzamos a devanarnos los sesos con la mejor esgrima verbal que cada quien tenía. Yo sólo los veía con cara de baboso y cuando no entendía (casi siempre) procuraba darle un sorbo a mi café lechero y cuando me preguntaban contestaba “a favor”.

La Parroquia tiene su propio encanto. Es punto de reunión de familias y políticos por igual. Tal vez por no limitar el derecho de admisión es que les va tan bien, es como sentirse en un billar arrabalero atendido por guapas edecanes. De todo puede haber. Los temas fueron muchos pero me llamó la atención la consideración hecha a la delincuencia organizada. A ver, espérenme tantito (por fin abrí la boca y fue para preguntar), en estricto sentido ¿A qué se le considera la delincuencia organizada, porque cuando dos o tres se juntan y se organizan pues ya con eso, no? (ya sabe cómo soy de profundo). Ezequiel, muy versado en estos temas me reviró los ojos y en plan de maestro de niños de lento aprendizaje me dijo, A ver Atticuss, sólo porque estamos en una mesa inclusiva te digo que Delincuencia organizada se define cuando dos o más personas se reúnen cotidianamente para delinquir. Los mariachis callaron y los meseros le pararon un momento a su barullo, al fondo se escuchó “…con el maestro Longaniza”. No, pues eso pensaba yo don Cheque, sólo que no me quedaba claro. Y es que a veces así somos los de a pie, que no entendemos lo que para los más versados es tan fácil. Me levanté y me excusé Ahorita vengo, voy a ver si en el baño no está Paulette.

Volví y los seguí escuchando y llegué a la conclusión de que López Dóriga no estaba pasado en copas cuando dijo que la inseguridad era algo sumamente democrático. Le toca a todos, al músico y al artista, al político y al empresario, al ama de casa o al estudiante. Y así es, hace unos días mataron a un diputado federal y hoy mueren cuatro en un asalto en un camión en Santa María la Ribera. No hay distinción.

Quedamos que esto no se puede quedar así. Se tiene que repetir. Edgar se apresuró a decir que teníamos que reunirnos a desayunar cuando menos una vez por semana y el interlocutor misterioso se revolvió en su asiento -con lo que le costó levantarse temprano y salir bañado-. Yo creo, alcancé a decir, que eso no se va a poder… no quisiera que nos acusaran de Periodismo Organizado… imagínese usted qué tremendo delito.

Ya es viernes señoras y señores míos. Cuídense y pórtense serios.

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