«Oye Dios, ¿cómo le vamos a hacer si no creo en los milagros?» Esas fueron las palabras desesperadas del doctor Roberto de Leo Vargas, neurocirujano que se viera obligado a operar a su hijo, después de que éste sufriera un daño medular a causa de un accidente en el mar.
Hasta antes de 1997 algunas personas ya lo consideraban uno de los mejores neurocirujanos del país. Sin embargo, tenían que reconocer que su trato era algo brusco. El padre de una de sus pacientes decía que a pesar de ser joven, Roberto de Leo Vargas era brutal en su honestidad.
Años después, el mismo que calificó su genialidad, señalando que «era un gran cirujano, desbordante de pasión por su actividad», pero que «por momentos parecía confundir a Dios con él mismo», lo encontró radicalmente cambiado. «Era el mismo neurocirujano brillante —señalaba—, pero sus ojos denunciaban un gran cambio: había visto a Dios».
Y es que de Leo Vargas sufrió lo indecible cuando vio a su hijo Roberto inmóvil, tirado en la playa, con una fractura en el cuello, que se causara mientras éste practicaba deportes acuáticos.
Dice César Vallejo en “Los heraldos negros”, «hay golpes en la vida, tan fuertes…¡Yo no sé!/Golpes como del odio de Dios». Roberto de Leo Vargas lo dice también en su libro El neurocirujano más grande del mundo: «Me sentí castigado por Dios».
En adelante tuvo que vivir lo que él llama un infierno de angustia e incertidumbre; sin la esperanza de un hombre de fe, sólo le quedaba apoyarse en su esposa Anis, sus hijos Juan Pablo y Fernando y sus amigos que en los momentos difíciles fueron apareciendo providencialmente.
La experiencia trágica de su hijo Roberto colocó al doctor, de carácter brusco, brutal en su honestidad, en la otra cara de la luna; el lado oscuro, donde el sol no puede mostrarnos su faz. Desde ese lugar, de Leo Vargas nos narra en El neurocirujano más grande del mundo, los suplicios que viven todos los días los familiares que tienen a un ser querido enfermo. En un momento del suplicio, el doctor de Leo, ahora padre de un paciente, supo reconocer lo siguiente: «Una sonrisa, un gesto amable o diez segundos de compasión son regalos maravillosos para el alma y el espíritu, y reconfortante para el cuerpo».
«Oye Dios, ¿cómo le vamos a hacer si no creo en los milagros?», preguntaba en medio de la angustia Roberto de Leo Vargas. El neurocirujano apasionado tuvo que entender que la respuesta de Dios no es siempre inmediata. Para obtener una respuesta del Creador hace falta fe y la fe, como un fruto del espíritu, se cultiva.
Seis meses de pruebas tuvieron que pasar para que obtuviera la respuesta a su pregunta; para entonces su hijo Roberto recuperó la movilidad, recupero la salud y así el hombre incrédulo recuperó la fe. «Los milagros existen —concluye de Leo Vargas—, porque Dios es el neurocirujano más grande del mundo».

POSTDATA 1: DOCTOR HONORIS CAUSA A DE LEO VARGAS POR LA UPAV
Precisamente a Roberto de Leo Vargas, neurocirujano y director médico del Centro Neurológico ABC, le será otorgado por la Universidad Popular Autónoma de Veracruz el título Doctor Honoris Causa. Roberto de Leo Vargas recibió en 2011 el Premio Excelencia en Medicina, es un humanista exitoso que se ha entregado, con especial amor, al servicio de sus semejantes, impulsando el programa Piensa primero que tiene como objetivo evitar accidentes que pongan en riesgo la vida de las personas.
El título honorífico Doctor Honoris Causa se le otorgará a Roberto de Leo Vargas en ceremonia solemne que se llevará a cabo el día sábado 11 de octubre a las 18:00 horas en el Auditorio del Museo de Antropología.

Armando Ortiz aortiz52@nullhotmail.com