Me disculparán que en el título haya hecho a un lado la formalidad partidista, y enuncie primero a Corintia y luego a Alfredo -aunque en rigor debería ser antecedida por su compañero de mayor rango-, pero la urbanidad me exige nombrar primero a la dama y luego al varón.
Pero en fin, Alfredo Ferrari Saavedra y Corintia Cruz Oregón fueron electos el domingo pasado como Presidente y Secretaria General -obvio que respectivamente- del Comité Directivo Estatal del PRI de Veracruz.
Fue un acto de unidad partidista, aglomerador, al que acudieron el Gobernador, los dos senadores priistas, muchos diputados federales y locales, todos los consejeros estatales… y hasta Carolina Gudiño, en su personalidad secreta de candidata del Partido Verde Ecologista de México.
De esta manera, el priismo veracruzano se decantó para nombrar a dos personas de militancia prístina, irreprochable; a dos priistas hechos desde la base misma, que saben de la soportable levedad del ser tricolor; a un hombre y una mujer que se identifican con el priismo histórico, porque su historia de vida ha sido dentro del partido.
Tomaron posesión Alfredo y Corintia, Corintia y Alfredo, y sus compañeros de partido lo vieron bien. Por eso ese domingo en el Teatro del Estado se veían contentos los miembros de seccionales; los que son y han sido tropa en los sectores y las asociaciones; los que ostentan con orgullo su representación priista… y también los que saben de los sudores de los mítines, del dolor de garganta después de las porras, de los pisotones y los largos viajes en autobús para apoyar al candidato, al dirigente, al funcionario.
El priismo a ras de piso se siente ahora bien representado por su dirigencia estatal. Fue un acto de justicia partidista el que fueran reconfirmados Corintia y Alfredo, Alfredo y Corintia, después de que habían sacado bien el proceso de selección de candidatos a diputados federales, así como las pequeñas elecciones y nombramientos que se tuvieron que dar para que ese proceso saliera limpio, sin manchones, sin heridas divisorias.
Ahí estaban para asegurarlo los 17 candidatos priistas (más la Gudiño, qué le vamos a hacer) y con ellos el Consejo Político Estatal en pleno (menos algún diputado que no pudo asistir aunque quería, por razones que no vienen al caso aquí).
De acuerdo con lo que indica la normatividad, esta fórmula de Presidente y Secretaria General deberá permanecer por cuatro años, es decir, hasta marzo de 2018, lo que significa que le tocará sancionar la jornada electoral del primer domingo del junio próximo. Y después, el proceso de selección de los aspirantes a diputados locales y el candidato de su partido para la gubernatura de dos años en 2016. Y en 2017 la elección de los 212 candidatos a presidentes municipales. Y casi todo el proceso para la determinación del candidato a la gubernatura de seis años en 2018.
Digo, si les preocupa con qué entretenerse, Alfredo y Corintia tienen para no aburrirse los próximos cuatro años, seguro.
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