*Hace un año sufrimos una amarga experiencia que dañó a toda una sociedad

*Oscar Arcos, candidato de Encuentro Social en el Distrito IX…¡ Agárrense ¡.

“No se sale adelante celebrando éxitos…sino superando fracasos”.

Caminaba por la calle de Santos Degollado, entre Melchor Ocampo y Morelos, jueves santo del año pasado cuando sucedió algo que ya narré en su oportunidad, una y otra vez ante autoridades policiales, en unas de ellas acompañado siempre de mi estimado amigo Víctor Galván Suárez, en la “torre policía” en la esquina de Zaragoza y Leandro Valle, en la ciudad de Xalapa…

No es mi intención recordar aquel día que a pesar de ser santo, nada impide a quienes llevan el mal en sus entrañas, pero si para hacer un somero análisis de esa fecha a los momentos actuales que estamos viviendo…lamentablemente nada ha cambiado. Todo sigue igual, incluso va en aumento.

Debo decirles que en lo personal, es una de las cuatro amargas experiencias que me ha tocado vivir, sin exageraciones: la muerte de mi ahijado Jerito de apenas seis años; el susto mayor cuando viajábamos en el avión de ocho plazas, con mi compadre David Varona procedentes de Coatzacoalcos a Ciudad Madero, ya en picada por el Cerro de San Martín, zona de los Tuxtlas…el fallecimiento de mi señora madre Conchita…y el de hace un año, el levantón cuando me disponía a comer con mis hijos en la centenaria ciudad de Teocelo…

En cada uno de ellos, en su momento, me vaticinaron que quedaría diabético. Quizás lo he evitado llevando la firme idea de no mirar hacia atrás, sin tomar el rencor ni la amenaza, viviendo el presente con la realidad y sin fijarme en el mañana sabiendo que no llega y lo que me espera…superando la apatía y soledad social que nos toca vivir, después de sufrir la angustia ante un inexplicable temor, entre la congoja y la ansiedad de continuar con vida…

Pienso en repetidas ocasiones, después de analizar las cuatro adversidades que he enfrentado…¿Qué sería la vida si no se hubieran presentado?. Se sabe que el verdadero hombre si no sonríe ante los problemas, al menos los acepta como reflexiones recogiendo la fuerza de la angustia, el temor, la amenaza y la zozobra…llegando a una conclusión de quedarse en la duda, en el caso del levantón, ante el temor de ellos de descubrirlos y el mío también, de saber quiénes fueron ellos…

Aun guardo el testimonio de un amigo mío, también secuestrado por más de 20 días, pagando rescate para dejarlo vivo….apenas enterado de lo sucedido…”Chino no denuncies, te lo pido; es mejor que quede así, yo sé lo que te digo”. Le contesté que su experiencia debería tomarla recordando los buenos recuerdos, los que se disfrutan y brillan…él ante el elegante escritorio de su oficina, dijo: “estoy tratando de calmar tu angustia cuando, acepto, no logro cambiar la mía”.

Mentiría si dijera que a un año ya me desprendí de esta angustia, no puedo. Llegan momentos de melancolía y de nostalgia al aceptar que estuve a punto de perder a mis hijos, con el peligro evidente y objetivo del miedo y el de la angustia, oculto y subjetivo. Pero fue algo que me sirvió para valorar y conocer a los amigos, a quienes estando cerca de mi dudaron de mi situación llevando este asunto serio a protagonismos que no tendría por qué presentarlos…de un colega arrimado en Coatepec, de un país vecino y que ha sido tema de vergüenza para el gremio, no me extraña su comentario, mismo que le hizo a Juan Osorio de la Voz de la Región….extranjero y mercenario de la prensa que acostumbra hablar de mí, pero de los que me rodeaban, no lo esperaba y así sucedió.

En esta corta vida, en este breve paso terrenal, el destino baraja las cartas y nosotros solamente las estamos jugando…en mi caso, mis escritos se imponen a la depresión, con la acción de un periodismo de combate y exigente apegados a la vocación y al profesionalismo. No nos consideramos improvisados practicando las experiencias sin hacer experimentos, con un trabajo honesto que no demostramos a la fuerza, sino con perseverancia, con ella continuaremos hasta ser capaces de beber el océano, como lo dijera el pensador, místico y líder religioso indio, Swan Vivekanan.

La fuerza que llevamos, gracias a nuestros lectores, a la sociedad y opinión pública, es la vida, y la debilidad es la muerte. Sin ellos, sin los lectores, no valdría la pena el esfuerzo, el esmero y la dignidad de periodista, sabiendo que tampoco en el recreo familiar podemos escapar a la sentencia del destino.

A mí, expreso con orgullo….me ha ayudado Dios, Y a Dios nadie lo vencerá.

Guardo con mucho valor una carta de una de mis nietas, escrita por ella al siguiente día de mi regreso a casa después de que mi hija Sagrario me rescató en un lugar cercano a Coatepec, después de una llamada…dicho escrito encierra la verdad, la prudencia y la sabiduría de quien en una parte me dejó dicho: “Abuelo…si buscas la venganza te estarás comparando a ellos, a los que causan daño y matan a la gente…no te compares con ellos abuelo”.

A un año de este desagradable suceso…sigo en la batalla.

Es mi batalla periodística.

¡¡ Jamás claudicaremos…!!

Remato:

Jueves Santo, cuánto daño,

Escribimos….sin suplicar,

Gracias a Dios que a un año

Continuamos sin claudicar

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