Hay duelo en el Magisterio de Veracruz, ha muerto Guillermo Zúñiga Martínez. Hay duelo también en la sociedad veracruzana. Se ha ido un ilustre Maestro, quizá el último vestigio de toda una pléyade de educadores de este girón de Mexico.
Si se repasa su trayectoria profesional se encontrará una constante: su devoción innata por todo lo que significara enseñar; enseñar aprendiendo como lo dictaban las corrientes del pensamiento de los grandes teóricos y estudiosos de la educación. Él mismo fue un aportador de ideas dentro de los textos de la materia. Fue además un gran ejecutor de esos cánones de la educación.
Fue llamado igualmente a desempeñar tareas relevantes de orden social, político, intelectual, cultural. Escritor y orador reconocido, pero más que nada educador, profesor, Maestro. Enamorado de la educación, fue un gran innovador; propuso, acometió y logró en sus últimos espacios de fecunda actividad profesional, dar a Veracruz un sistema especial de educación media y superior, para poner al alcance de quien deseara, la posibilidad de acceder a grados académicos de enseñanza formal, que en otras modalidades resultaba nugatorio.
Quienes lo trataron como persona, como amigo, dan fe de su gran calidad humana, de su altruismo y su alta concepción de algo tan escaso, casi olvidado en estos días, la Ética, la rara visión de advertir lo bueno y valioso extraído del producto del talento, del pensamiento creador, de mujeres y hombres por igual.
Guillermo Zúñiga Martínez, xalapeño, solamente ha desaparecido físicamente, quedan sus obras, sus enseñanzas, su ejemplo y con ello el mérito de ser el heredero directo de los grandes maestros veracruzanos quienes, cada uno en su momento, espacio y tiempo, aportaron su pensamiento a una de las más elevadas tareas del género humano: la Enseñanza-Aprendizaje.
Se recuerda, como olvidar, a Enrique C. Rebsamen, suizo, Enrique Laubscher, alemán, a Carlos A. Carrillo nativo de Córdoba, Cirilo Celis Pastrana, misanteco que brillo a nivel nacional; a su hija la reconocida profesora Juana Amelia Celis Pedezert, a Amalia Pabello Acosta, naolinqueña, poetisa y profesora con obra escrita, a Juan Zilli Bernardi, de Zentla, a Benito Fentanes Lavalle de Cosamaloapan de Carpio, a Raúl Contreras Ferto, de Apazapan, a Teodoro Lavoignet Naveda de Martínez de la Torre, a Ángel J. Hermida Ruiz, de Alvarado, a David Ramírez Lavoignet, de Misantla, a José Luis Melgarejo Vivanco, de Palmas de Abajo y a tantos, tantos grandes maestros veracruzanos que honraron con su tarea reconocida entonces, verdadero apostolado, como su tributo a la educación del noble pueblo veracruzano.
Honor también merece la institución formadora de formadores, la Benemérita Escuela Normal Veracruzana, crisol en el cual se fundieron todas las ideas que integraron los principios, la ideología, teoría y doctrina del conocimiento en que se sustentó la educación de todo Mexico desde el inicio del siglo XIX.
Hoy solo quedan recuerdos de tan eminentes educadores, cuando la enseñanza, el ejercicio del magisterio era casi sagrada, equiparable a un innegable liderazgo social. Quien lo ejercía se sentía honrado y depositario de ese nobilísimo titulo que a su vez entrañaba un profundo respeto y consideración de la comunidad.
Hoy los tiempos lo han trastocado casi todo. Aún hay, afortunadamente, profesores en las aulas que realmente sienten su profesión como una alta misión. Son una elite de gran reconocimiento social. Sin embargo, algo se ha perdido, se perdió aquella mística, casi devoción con que el maestro asumía el cívico compromiso laico, de educar a todo un pueblo. Hoy las posturas gremiales de los profesores han cambiado.
Es verdad, la población ha aumentado, los requerimientos son otros y la sociedad se ha transformado. Lo delicado es que en las condiciones actuales de la educación nacional, Mexico no saldrá adelante. Los parámetros con que se cotejan los resultados son lastimosos. El lugar que tiene el país en las mediciones internacionales de calidad es deplorable, no obstante de la alta inversión de recursos fiscales aplicados al ramo educativo.
El rechazo en vías de resistencia física, con razón o no, de algunos segmentos magisteriales agremiados en sindicatos opuestos a las recientes reformas del ramo, alteran la marcha de la educación en algunos puntos del territorio nacional, en perjuicio de infantes y jóvenes que retrasan su aprendizaje y limitan su capacidad competitiva frente a sus iguales de otras latitudes, tanto nacionales como internacionales.
¿Qué país puede competir, en un mundo avasallado por la tecnología y los conocimientos avanzados, cuando sus educandos están condenados a la impreparación, como sistema?
Hoy se lamenta el fallecimiento de un gran Maestro, él sí puede ser reconocido como uno de los últimos baluartes de la educación. Duele su pérdida y duele también que no haya más Profesores de la estatura de Guillermo Zúñiga Martínez. Mucho, mucho se va a extrañar su imagen recia y bondadosa a la vez, caminar por las calles de Xalapa, su Xalapa.