A estas alturas y a menos de cuatro semanas de las elecciones de diputados federales, miles de ciudadanos no han decidido por quién votar el próximo 7 de junio.
Amigos y conocidos se preguntan y me han preguntado quién es, no la mejor opción, sino la menos mala. Para comenzar, casi nadie conoce las propuestas de las y los candidatos.
A mí no me convencen las de ninguno.
Cuando sale a relucir el tema de las elecciones, los ciudadanos se muestran aburridos y sin deseos de participar. El abstencionismo será una vez más el gran triunfador.
Como no se han publicado encuestas confiables y las campañas ni se ven ni se sienten, en charlas de café se intercambian apuestas sobre posibles punteros.
Los momios se dividen entre quienes aborrecen al PRI y aquellos que sin ser apasionados priistas, estiman que este partido se alzará de nuevo con la victoria gracias a la compra descarada de votos, con dinero del erario.
En Xalapa conceden posibilidades al candidato del PAN, Ulises Chama, y Elízabeth Morales, del PRI, a pesar de que sus detractores juran que se repetirá el reynaldazo de hace 3 años, y que en una de esas extrañas ironías de la política hasta podría darse el caso de que Magno Garcimarrero reedite la increíble hazaña de Uriel Flores Aguayo.
Acaso algo habrá de cierto en estas aparentemente descabelladas versiones que ruedan y crecen como desenfrenada bola de nieve o quizá se trate de simples buenos deseos de antipriistas a ultranza.
Los invito a realizar un ejercicio mental entre amigos: cite de memoria los nombres completos de cada uno de los 10 candidatos a la diputación federal de su distrito. Les aseguro que difícilmente los recuerda o de plano los ignora.
En el resto del estado el panorama es similar. Creo que el PRI volverá a llevarse la mayoría de las curules, no por ser sus candidatos los más capaces o populares, sino porque sus opositores tampoco ofrecen gran cosa al electorado.
En lo personal mi voto permanece en el aire. No decido aún a qué candidato apoyaré. Unos cuantos votos podrían ser la diferencia entre el triunfo y la derrota.
¿Usted, amigo lector, se abstendrá o votará por uno de esos candidatos que parecen inexistentes?
Insisto en que cada candidato a un cargo de elección popular debe pagar sus propios gastos de campaña.