Xalapa tiene ya una tendencia clara en su voto nacional, que no necesariamente comparte con el resto de Veracruz. Para comparar, en la zona conurbada de Vera-Boca la sorpresa la dio Gabriela Ramírez, y sobre todo el PAN, que visto a la distancia fue el único partido que no perdió voto duro.

En Boca del Río el triunfo no tiene mayor comentario: la sociedad no reconoce entre un sistema corrupto y uno u otro partido político. Realmente creen que al votar por el PAN se castiga al PRI, cuando en el fondo nada hay de eso: por ejemplo, Gustavo Madero tiene un pacto con el PRI para permitir la llegada de Anaya y fortalecer su camino a la presidencia, no con ganas de ganar, sino de que no gane Andrés Manuel, y Miguel Ángel Yunes tiene un pacto con Madero, así que no pasa nada. Y para el PRI el panorama es alentador: ganaron 16 distritos, lo que estabiliza su tendencia de triunfo en la elección a gobernador del siguiente año.

Regresando a la capital, es importante recalcar que en su primera elección local para diputado, Morena tiene amplia ventajas: llega a la contienda como ganador en el distrito federal y tiene atrás de sí algo que los priistas xalapeños han desdeñado equivocadamente, el capital político de Uriel Flores.

Desde esa perspectiva, el PRI no debería confiarse en su estructura. El caso de la elección de Anilú Ingram es paradigmático. Así que la contienda no estará basada en los “acarreados”, por lo que tendrá que pasar a un terreno áspero para cualquier partido, el terreno de las ideas. Haciendo la analogía, para Morena por lo menos será la terracería de las ideas. Y es que el discurso de AMLO es alentador frente a la posición neoliberal y entregada de Peña Nieto; veremos si Beltrones logra captar la atención en su lucha contra el populismo al que lo envían el Presidente y los Estados Unidos.

Por su lado, el propio AMLO se tendrá a sí mismo como rival. Su propia lucha contra el populismo (que es una lucha contra su propio ego) nos dará mucha tela qué cortar, y por lo pronto, tendrá concentrada la atención electoral en que no gane ninguna de las 12 gubernaturas que estarán en juego el siguiente año. Al día de hoy ni una parece estar dentro de esa posibilidad, pero tanto en el corto como en el largo plazo, eso cambiará.

No soy agorero de nadie. Todo lo contrario: lo más evidente es que la gente en Xalapa no saldrá a votar de manera masiva, ni necesariamente los acarreados votarán por quien los lleve a votar, ni tampoco el PRI o el PAN llevan la delantera. No olvidemos que aunque las encuestas ubiquen a algún personaje con alto conocimiento y aceptación, la gente no necesariamente saldrá a votar por tal persona. Donde hay internet y altos niveles de educación, el PRI no tiene la ventaja. Por lo mismo precisamente, no peligra la gubernatura de 2016 en Veracruz, pero sí las diputaciones locales en la capital y las zonas urbanas.

El discurso revanchista de AMLO no tiene futuro, como tampoco el discurso antipopulista de Beltrones. El camino hacia la presidencia está marcado por el vacío, la ausencia de ideas y la certeza de que ningún partido está dispuesto a realizar algún cambio profundo y verdadero. Esto significa una mayor pérdida de soberanía y una creciente felicidad para los Estados Unidos: más armas para México, más gas shale para México, más escándalos que vender en la prensa internacional.

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