Perdón, pero no, definitivamente no fue el Estado, y lo digo con convencimiento de causa porque si se atiene una de las definiciones básicas de la institución Estatal, se trata de la unidad jurídica conformada por el pueblo, gobierno, territorio y el marco jurídico-normativo, o sea, cuando se dice, pero todavía peor, se insiste en que la desaparición y probable asesinato de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa fue responsabilidad del Estado, para empezar no estoy de acuerdo porque de ser así algo le tocaría de corresponsabilidad a un servidor como parte integrante del pueblo que soy.

Pero es evidente que cuando insisten en enarbolar esa idea errónea algunos grupos políticos ajenos a Ayotzinapa claramente identificados: ¡Fue el Estado!, lo que en realidad tratan de hacer es aprovecharse de la tragedia de los normalistas y equipararla con las desapariciones forzadas de enemigos políticos que se dieron durante algunos de los más sanguinarios regímenes militares del siglo pasado en Sudamérica, como sucedió principalmente en Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Brasil, por mencionar solo algunos casos.

No hay que confundir la gimnasia con la magnesia, lo que sucedió aquella trágica noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Gro., perdón nuevamente que lo diga, pero nada tiene que ver lo que desgraciadamente se supone que pasó ahí con una “política de Estado” equiparable a lo que sucedió con los regímenes sudamericanos mencionados, en donde ahí sí hubo una clara intención de eliminar a los enemigos de los gorilas que malamente gobernaban en aquellos momentos a esos países. En Argentina, Chile y demás países sí hubo una clara política de limpieza y exterminio de la disidencia, y aquí, perdón, pero los muchachos de Iguala no eran ni con mucho enemigos del régimen, ni siquiera se los podía tomar como disidentes.

En esa onda de tratar de darle a su lucha un equivocado cariz de “revolucionario”, se confunden y tratan de confundir: ¡el enemigo es Enrique Peña Nieto y su gobierno ilegítimo y por lo tanto había que tratar de derrocarlo u obligarlo a dimitir! De hecho ese era el primer cálculo que tenían estos amigos, es decir, de que dimitiera el Presidente antes de que cumpliera dos años de gobierno para que se diera la hipótesis contenida en el tercer párrafo del artículo 84 Constitucional, de que el Congreso de la Unión ante la hipotética dimisión del Primer Mandatario se constituyera en Colegio Electoral y nombrara un presidente interino para de inmediato convocar a nuevas elecciones en donde se eligiera a un presidente que concluiría el periodo constitucional, ¡por favor!

Y no, no es mi intención hacer una defensa a ultranza del Presidente Peña Nieto y de su gobierno por lo que les toca en cuanto a los hechos ocurridos en Iguala, virtualmente hace ya un año. Aquí lo hemos escrito muchas veces y de hecho a días de que ocurriera esta tragedia, criticamos la inacción de su gobierno, su absoluta irresponsabilidad y la falta de lo que se llama visión de Estado. ¿Cómo era posible que se lavara las manos ante esos espeluznantes acontecimientos?, ¿Quién le habría aconsejado que lo que más le convenía a su gobierno era mantenerse al margen y de minimizar los hechos atribuyéndoselos a la debilidad institucional del estado de Guerrero y de su gobierno?

Tarde se dio cuenta de su error al tratar de minimizar esta tragedia y su gobierno lo está pagando muy caro. Hubo negligencia, hubo lentitud de reflejos, se faltó a un deber legal, fallaron los órganos de inteligencia del gobierno, les falló uno de los sentidos más elementales de todo buen gobierno, el olfato, pero de eso ¿a atribuirle la responsabilidad de la desaparición de los 43 infortunados normalistas?, pues ahí si no estamos de acuerdo. Evidentemente quedaron muchos huecos en la investigación que hizo la Procuraduría en los tiempos de Jesús Murillo Karam, hasta parecía que había prisa para darle “vuelta a la página” y superar la innombrable tragedia, el mismo Presidente así lo sugirió ya de manera un tanto ligera diría yo (“démosle vuelta a la página”).

Los errores y la irresponsabilidad se pagan caro y este asunto no se lo van a quitar de en medio de aquí hasta que termine su gobierno.

Me lo dijo el vampiro de Palo Verde.- Pareciera como si se tuviera garantizada la continuidad en el 2016, están haciendo política, ¡mucha política!, y ya empiezan a colocar a sus alfiles en las dirigencias de las principales organizaciones adherentes al partido como si estuvieran preparando el terreno, y ya empiezan a filtrar listas de posibles precandidatos a integrar el próximo Congreso. Y la pregunta que surge es: ¿y el que se supone va adelante en dónde está, qué no le corresponden a él esas decisiones?