Ahora que todo el mundo parece dedicado en cuerpo y alma al arte de la adivinación; en estos momentos en que el deporte nacional en Veracruz es hacerle al pitoniso electoral; cuando en la boca de cada ciudadano está un nombre, el nombre de quien querrían que fuera el candidato del PRI a la gubernatura grandota de dos años…
Ahora que nadie quiere hablar de otra cosa que no sea las enormes posibilidades que tiene de ser el candidato priista ni más ni menos que su gallo, su amigo, su compadre, su santo; en estos momentos en que sangres y afectos se unen y se desunen, envueltas en la lucha de las aspiraciones; cuando los golpes bajos, las puñaladas traperas y las marrullerías son el pan de cada día…
Ahora que sucede todo lo anterior, hay también buenas noticias, porque se sabe que un equipo de profesionales de diversas áreas está trabajando con toda seriedad para elaborar el programa de gobierno que propondrá al electorado la persona que resulte finalmente el aspirante priista a ser Gobernador del 1 de diciembre de 2016 al 30 de noviembre de 2018.
Tendrá, de resultar ganador, 730 días para emular la hazaña de don Fernando Gutiérrez Barrios de hacer el mejor Gobierno del Estado, que si en los años 80 resultó magnífico para los veracruzanos, en las adversas condiciones actuales es una necesidad crucial para nuestra supervivencia como una entidad federativa moderna, exitosa y modelo para la nación.
¿Cómo sería el programa? ¿Qué cariz deberá tomar? ¿Cuáles serán sus puntos fuertes?
El Programa -que será antes del Hombre y que se presentará oportunamente a la sociedad- se propone resolver en lo mediato la problemática estatal, pero también busca ser una propuesta creíble y atractiva, que convenza al electorado de votar por el candidato tricolor el primer domingo de junio del año entrante, cuando se realizará una elección nuevamente muy competida, como prácticamente ya lo son todas.
Por lo que se ha ido adelantando del documento, trae como punto nodal la convocatoria universal a todos los veracruzanos para que opinen, para que participen, para que sean parte. “Inclusión” y “unidad” son los términos fundacionales del programa, y serán los elementos nodales incluso de la estrategia de comunicación y propaganda.
Y a partir de ellos, habrá una palabra que se tornará importante, por todo lo que va a significar su aplicación: “orden”.
El PRI veracruzano traerá como divisa el reordenamiento de la administración pública, para hacerla más eficiente y transparentarla ante la población abierta. En los dos años de la gubernatura, todo el esfuerzo se dirigirá a restablecer la normalidad de las finanzas públicas, a programar efectivamente pagos y compromisos, a garantizar los flujos de recursos.
La asignación de la obra pública será prístina, participativa, equitativa. Sin moches ni aportaciones oscuras.
Y lo social volverá a tomar su rumbo. Un porcentaje importante del presupuesto se dirigirá hacia los marginados, con acciones de participación comunitaria, para ayudarlos a que salgan de la miseria por ellos mismos.
Hay otros rubros importantes en los que se trabaja igualmente: la educación, la salud, la seguridad. Ya habrá oportunidad de irlas comentando.
Ah, y para que lleve a cabo este programa, el candidato será… quién sabe y qué importa.
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