Buen día lector:

Por si usted no fue a la misa de ayer, en el segundo domingo de cuaresma, hay un mensaje que envía la iglesia católica que por fin se aleja un poco del tema de “en aquel tiempo”, para asumir el de los tiempos actuales y su cruda realidad.

Ignoro si fue el tema de la homilía en todos los templos del estado, bueno sería que así haya sido, pero en el que acudí el sacerdote platicó de lo siguiente.

Lo invito a leerlo;

“Muchas veces se dijo que el narcotráfico no se metía con el clero, pero en los últimos años en México han asesinado a 52 clérigos entre sacerdotes, diáconos y hasta un cardenal. Ustedes saben la situación tremenda que se está viviendo, todos conocemos ya de un amigo, un vecino y hasta un familiar que han sufrido esta realidad.

“Hace muchos años, cuarenta o cincuenta años que yo era un niño, recuerdo que había una revista amarillista que a veces se prohibía que la leyéramos; se llamaba la revista Alarma, que publicaba imágenes desgarradoras y titulares realmente alarmantes como secuestrolo, matolo, despedazolo, y porque eran casos contados, eran muy pocos.

“Pero aquello que sucedía antes, hoy aquí es el pan de cada día; también recuerdo que hace muchos años nos enterábamos que en Taiwán allá en Asia, había gente mala, las mafias cobraban derecho de piso, y yo imaginaba ¡cómo puede ser que vayan a tu negocio y decirte me tienes que dar cada mes tanto dinero, a cobrarte por el derecho de trabajar!; decía, en México eso sería imposible, no podía ser que pudiera suceder en nuestro país y ahora lo estamos viviendo en carne propia.

“Ese es el flagelo social que ahora experimentamos todos y por supuesto, que desde la perspectiva, desde la óptica de la fe, decimos es cierto, Jesús nos está compartiendo el dolor de su pasión, hay que ser fuertes, hay que tener esperanza, es cierto.

“Pero también tenemos que abrir los ojos a lo que nos dice Dios el día de hoy: este es mi hijo, ¡escúchenlo!

“Si escuchamos a Jesús él nos dice: lo que le pidan a mi padre en mi nombre, mi padre se los concederá. Por eso hoy los invito a hacer una oración para pedir por ese flagelo social que lacera el alma y que nos deja impotentes. Decir esta oración:

“Papito Dios, en el nombre de Jesús aleja la lacerante violencia que estamos viviendo; que terminen las ejecuciones entre los cárteles, toca el corazón de los sicarios para que se conviertan; que terminen los ajustes de cuentas; que todo delincuente se convierta.

“Arráncanos el miedo colectivo; que nuestras autoridades encuentren soluciones pacíficas; que los adversarios se den la mano; que el perdón venza al odio; que desaparezca todo obstáculo en el camino de la concordia.

“Que crezca el deseo de la paz…”.

Si los gobiernos no pueden, que así sea.

Tenga el lector una semana de paz y armonía.

gustavocadenamathey@nullhotmail.com